Palabras alusivas en el acto
173 º Aniversario Fundación de Diamante
manifestadas por el autor
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Una vez más, como cada 27 de febrero, conmemoramos otro aniversario –en este caso el 173º - de cuando la Legislatura entrerriana convertía en Ley, el proyecto elevado por el gobernador Pascual Echagüe 15 días antes, para fundar un pueblo con el nombre de “El Diamante” en la localidad de Punta Gorda, bajo la protección de San Francisco Javier.
El mismo gobernador, promulgó dicha Ley el 1 de marzo, acompañando con su firma el ministro Evaristo Carriego.
De esa manera, nuestro fundador continuaba con su política de formación de pueblos -ya lo había hecho con La Concordia en el 32 y con La Paz en el 35- junto a otras medidas, tratando de apaciguar la etapa de anarquía vivida por la Provincia, lamentablemente, algunas, dejando de lado el espíritu federal que siempre caracterizó a Entre Ríos.
Se le daba así en nuestro caso, la figura jurídica de pueblo a una localidad que ya existía de hecho desde años antes, principalmente desde 1832, cuando Echagüe mismo, ordenó trasladar a parte de las familias de guaraníes de la zona de Mandisoví, que habían protagonizado el sublevamiento en la zona del Cuareim, del otro lado del Uruguay.
Llegados a este lugar, se los ubicó en la zona delimitada aproximadamente por las actuales calles San Martín y 3 de Febrero, en una franja hasta la plaza “9 de Julio”, uniéndose a los otros pobladores que ya tenían su asentamiento en lo que es hoy nuestro centro cívico.
Este incipiente pueblo, no modificó en nada su realidad por esta esperanzada medida, alejado del circuito de las postas, era solo un grupo de ranchos, sin calles, ni alumbrado, sin servicios de sanidad, viviendo de una manera primaria, que solo era viable gracias a la excelencia del lugar, y a la posibilidad de algún intercambio con los barcos que fondeaban en su puerto natural. Solo se amojonó la futura planta urbana, señales que en su mayoría pronto se perdieron y hubo que rehacerlas años mas tarde.
Paulatinamente, comenzó una etapa de despoblamiento, enfermedades, miseria, los varones enrolados en las milicias, que permanentemente acompañaron los vaivenes políticos y militares de la época, fueron diezmados y antes de una década, Diamante, ya sin autoridades, estaba a punto de desaparecer. Terminó así el primer ciclo de esta historia tan extraña, tan particular, que de manera pendular se ha ido repitiendo a lo largo del tiempo.
El segundo ciclo, comenzó con la estratégica visión del general Urquiza, creando las primeras instituciones a partir de esa fecha que llamo “la segunda fundación”: el 4 de julio de 1848; al año siguiente se creó el departamento Diamante, se comenzaron las obras del templo y la escuela, desarrollándose el comercio, naciendo pequeños emprendimientos, oficinas públicas, que significaron un progreso evidente, lo que finalizaría luego de Caseros con la federalización del territorio entrerriano y una declinación en ese ascenso.
A partir de aquí, nuestra historia nos muestra una sucesión de altibajos que repercutieron notablemente en la evolución, etapas de crecimientos, otras que se desaprovechaba lo anterior y ocurrían hechos que llamaba la atención, pues se llegaba a situaciones que nos hacían retroceder a puntos impensados.
Seguramente, lo que más ha quedado en el recuerdo de los diamantinos de nuestra generación, es el cierre del ferrocarril, la Junta de Granos y de varias empresas, el traslado del A/3, el comercio que decayó notablemente y nuevamente tratar de crecer.
Y sepan disimular esta reseña que hago, pero justamente en ella debemos encontrar las enseñanzas que nos deja esta evolución pendular:
Porque hay algo que nunca cambió: siempre Diamante está aquí, ofreciéndonos sus grandes bondades, su maravillosa geografía, sus dones naturales que muchos pueblos nos envidian sanamente, ofreciéndonos todas las posibilidades para nuestro crecimiento.
Los problemas, son los mismos que han sufrido muchos otros pueblos, mayoritariamente causados por el hombre. Y muchos de éstos, no solo los superaron, sino que experimentaron luego un gran progreso.
Entonces, debemos decir, que hemos tenido y tenemos grandes dirigentes y ciudadanos, convengamos que las limitaciones evidenciadas en nuestra evolución, lo que no hemos sabido instrumentar, la falta de constancia, de trabajo inteligentemente orientado, del manejo apropiado de la cosa pública, es nuestro problema, y permítaseme disentir con la leyenda de la maldición de la gitana – Lo que no hacemos es culpa nuestra. Diamante siempre nos está esperando y brindándonos oportunidades.
Por eso, repito lo que dije hace unos años para esta misma fecha y en este mismo lugar: nuestra historia nos enseña, si estudiamos con profundidad sus detalles, que los ciclos de surgimiento y la superación de problemas, se los hizo cuando nos unimos los diamantinos, y agrego: cuando las autoridades fueron consecuentes con sus ideales y promesas de campaña, llevándolos a la práctica en el ejercicio de su mandato y cuando cada uno de los habitantes, acompañó sin egoísmo cada proyecto que representaba el bien común, participando activamente y cumpliendo las normas. Si uno de estos componentes no se cumple, no esperemos que el progreso funcione milagrosamente.
Y para ello, siempre tendremos el ejemplo que nos legaron nuestros tres grandes ciudadanos ilustres, que sabiamente elegidos, desde sus imágenes colocadas en la entrada del palacio municipal, nos marcan como debemos actuar comunitariamente por nuestro Diamante:
. Aplicar la virtud del servicio, el amor al prójimo y trabajar para palear la desigualdad social, como lo hizo la hermana Mariangela.
. El patriotismo, la integridad, el desprendimiento, el manejo responsable de los dineros públicos que se le confió y el cumplimiento abnegado de cada misión, como lo hizo el general Hernán Pujato
. El estudio, la docencia, la inteligencia usada hacia el bien, la investigación realizada seriamente y con proyección social, con la humildad de los grandes, como nos está enseñando el Dr. Domingo Liotta.
Tenerlos como premisas en nuestras acciones ciudadanas, es el mejor regalo que le podemos hacer cotidianamente a nuestro querido Diamante.
Ricardo César Brumatti
27 de febrero de 2009
Historia de la ciudad de Diamante - Entre Ríos * * * Artículos publicados en distintos medios por el historiador Ricardo César Brumatti
domingo, 1 de marzo de 2009
sábado, 3 de mayo de 2008
MAS SOBRE LA ESCUELA “DE LAS COLLI”

UNA ETAPA DE LA ESCUELA Nº 2 “MANUEL ALBERTI”
Por Ricardo César Brumatti
Cronista Histórico de Diamante
Cuando desarrollé los tres trabajos anteriores sobre esta Escuela (Ver “Historia de la Escuela Nº 2 Manuel Alberti”, “El edificio de la Escuela Manuel Alberti que no se construyó” y “La Escuela de las Colli”), comentaba reconstruyendo esa etapa tanto tiempo velada a nuestro conocimiento, del lapso que funcionó el establecimiento en la casa alquilada en 1910 a Francisco Masó, sito en las entonces calles Comercio y Centenario (que corresponde a la dirección actual de calles Int. Dasso e Hipólito Yrigoyen), y que gracias a la señora Silvia Saura pudimos contar con esa primera fotografía que se hizo pública sobre esa ubicación.
Gracias ahora al aporte de Pedro Luis y María Nelly Rubano, nietos de Luis Colli, que generosamente me hicieron llegar este material, podemos agregar más datos y esta reliquia fotográfica que acompaña el artículo y que se suma para documentar esos años.
Cuando el profesor Luis Colli fue convocado desde la ciudad de Concordia para reemplazar en la dirección a la Sra. Amelia Etchevehere Enrique, le permitió vivir los momentos en que el profesor Manuel P. Antequeda firmó la disposición mediante la cual se le impuso el nombre de Escuela Elemental de 1ª Clase "Manuel Alberti" y el alquiler del nuevo local mencionado.
Colli había nacido en Milán (Italia) y luego de venir a la Argentina, se casó con Rosa Caviglia, nacida en San Isidro (Prov. de Bs. As.)
En ese 1910, lamentablemente el matrimonio Colli, perdió en 24 días a cuatro de sus hijos, víctimas de la epidemia reinante en Diamante (los tres varones –dos eran mellizos- y una niña), además estuvo en grave estado Asunción Antonia, logrando curarse. Las que no se enfermaron fueron Josefa y María Luisa, que ya hacían sus primeras experiencias como maestras. Luego de ello, el matrimonio Colli tendría otra hija que recibió el nombre de Angélica Antonia, que no pudo sustraerse al influencia familiar y también siguió la carrera docente, recibiéndose en el Colegio “Nuestra Señora del Huerto” de Rosario”, lugar donde había estudiado Josefa.
El 27 de junio fue el día de la mudanza a la nueva sede, instalándose incluso el escudo, la campana y el asta de la Bandera, permitiendo que a partir del 1º comenzaran las actividades en el lugar.
El 1º de enero de 1911, al haberse creado un cargo de maestra en la Escuela y en atención a que la hija de Colli, María Luisa, ya venía atendiendo desde hacía dos años gratuitamente en la escuela, Antequeda la nombró titular.
A fines de ese año, el director Colli, desesperanzado por los problemas vividos y pasando serios problemas económicos elevó su renuncia al cargo, lo que sorprendió a la comunidad diamantina, donde el aprecio hacia el docente era muy elevado. Esto sirvió a que el 26 de enero del año siguiente, varios y caracterizados vecinos enviaran una nota al Presidente del C.G.E., haciéndole saber que estaban "desagradablemente sorprendidos por la noticia de la renuncia de Dn. Luis Colli como Director de la Escuela Elemental de 3ª Categoría “Manuel Alberti”. Es el interés de la gente que esa renuncia no se produzca".
Este tema se resolvió ascendiendo el Consejo General de Educación a Colli como Subinspector de Escuelas y nombrándose a su hija Josefa como nueva Directora con fecha 1º de mayo.
A partir de este momento y por el tiempo que estuvo ella a cargo, al referirse del establecimiento los diamantinos la mencionaban como "la escuela de las Colli".
Josefa terminaría sus actividades docentes como Directora de una escuela en Maciá (Dpto. Rosario del Tala) donde se jubiló. Mientras que Angélica lo hizo en 1957, momento que ocupaba la secretaría de la querida Escuela Nº 2 “Manuel Alberti”. Por su parte María Luisa contrajo matrimonio con el Escribano Pedro Antonio Rubano, quién tendría una vasta actuación pública y será tema de otro artículo.
Además don Luis y doña Rosa dejarían una vasta descendencia, donde encontramos nietos, bisnietos y en este momento hay quince tataranietos.
Yendo a la fotografía que data de 1912 y tomada en la esquina, podemos observar situada a la izquierda a la directora Josefa Colli, mientras que María Luisa es la que está con la Bandera Nacional. Casi delante de ella y de perfil Isabel Jeanneson, quién integraba el plantel docente.
Otros elementos que están visibles, son el Escudo, donde puede leerse “Escuela Manuel Alberti”, el mástil, colocado en la misma vereda (a la derecha en la foto) y la luminaria con una tulipa, lo que se puede interpretar que contaban con luz eléctrica.
LA ESCUELA “DE LAS COLLI”
UNA ETAPA DE LA ESCUELA Nº 2 “MANUEL ALBERTI”
Cuando desarrollé los dos trabajos anteriores sobre esta Escuela (Ver “Historia de la Escuela Nº 2 Manuel Alberti” - EL SUPREMO ediciones del 21 y 25 de agosto de 1998 y “El edificio de la Escuela Manuel Alberti que no se construyó - Edición del 10 de enero de 2002), comentaba que el primer paso de su creación fue dado el 10 de marzo de 1889 por la Srta. Trinidad Almanza, fundando una escuela particular que funcionó en una casa ubicada a dos cuadras y medias al Oeste de la plaza Independencia”.
Posteriormente, el 7 de octubre de 1892 el Consejo General de Educación la fiscalizó, convirtiéndola en Elemental de 2ª Clase”. Su nueva sede fue el primer edificio social de la Sociedad Italiana (actual esquina de Etchevehere y Alberdi), en la que funcionaría hasta 1897 cuando se alquiló una propiedad a don Bottazzini. Nuevamente se mudó en 1901, a la calle Comercio casi Salta (actuales Int. Dasso y Bernardino Ramírez), donde hoy tiene su sede el Club “9 de Julio” y la casa a la derecha, cuyo propietario era por entonces don Roque Demonte.
En 1909 en momento que ejercía su dirección la Sra. Amelia Etchevehere Enrique, fue reemplazada por el profesor Luis Colli, que llegó al ser nombrado desde la ciudad de Concordia.
Al año siguiente, con fecha 10 de mayo, el profesor Manuel P. Antequeda firmó la disposición mediante la cual se le impuso el nombre de Escuela Elemental de 1ª Clase "Manuel Alberti".
Ese año, lamentablemente el director Colli, perdió en 24 días a cuatro de sus hijos y tuvo en grave estado a otros tres, víctimas de la epidemia reinante en la ciudad.
Haciendo mención de las entrevistas que habían tenido anteriormente, el 12 de junio Colli se dirigió a Antequeda, tratando de arribar a una solución para disponer de una sede propia, aunque sea construyendo un “chalet de madera” en los solares que ya estaban adquiridos (Ubicación actual - 25 de Mayo y 9 de Julio).
Pero se presentaría don Demonte solicitando aumento de alquiler, cuestión que se tornaba totalmente onerosa e inconveniente para el Consejo de Educación seguir con esa locación, provocando que se decidiera buscar otro lugar. El mismo Colli visitó una casona ofertada por don Francisco Masó en $ 100 mensuales, ubicada a unas cuadras de la anterior, en la esquina de Comercio y Centenario (que corresponde a la dirección actual de calles Int. Dasso e Hipólito Yrigoyen).
Antequeda aprobó la idea, ordenando el desalojo y traslado al nuevo asiento, cuestión que se concretó el 27 de junio, instalándose incluso el escudo, la campana y el asta de la Bandera, permitiendo que a partir del 1º comenzaran las actividades en el lugar, pero a la vez fue rebajada a 3ª categoría.
El 1º de enero de 1911, al haberse creado un cargo de maestra en la Escuela y en atención a que la hija de Colli, María Luisa, ya venía atendiendo desde hacía dos años gratuitamente en la escuela, Antequeda la nombró titular.
En ese momento, el Gobierno de la Provincia estuvo a punto de construir el anhelado edificio propio, al mismo tiempo que el de la “Independencia”, pero el incumplimiento de la empresa constructora que había ganado la licitación, provocó que no se concretara y que se tuviera que continuar alquilando.
A fines de ese 1911, el director Colli, desesperanzado por los problemas vividos y pasando problemas económicos elevó su renuncia al cargo, lo que sorprendió a la comunidad diamantina, donde el aprecio hacia el docente era muy elevado. Esto sirvió a que el 26 de enero del año siguiente, varios y caracterizados vecinos enviaran una nota al Presidente del C.G.E., haciéndole saber que estaban "desagradablemente sorprendidos por la noticia de la renuncia de Dn. Luis Colli como Director de la Escuela Elemental de 3ª Categoría “Manuel Alberti”. Es el interés de la gente que esa renuncia no se produzca". Expresaban además, que ya en 1911 Colli había manifestado a sus superiores las dificultades financieras que hacían imposible su permanencia en Diamante, y también había pedido que elevaran de categoría a la Escuela, pero no solo no aceptaron sino que como mencioné anteriormente la rebajaron a 3ª Categoría.
En otros párrafos, describieron a Colli remarcando “las condiciones especiales de competencia y consagración de ese maestro de méritos pocos comunes y de una conducta digna de toda ponderación”. Además agregaban, que ellos habían contribuido generosamente a la suscripción popular para la compra del terreno destinado al nuevo edificio de la Escuela Alberti, que esperaban sería en breve, solicitando además que la elevaran a 1ª Categoría. Esta nota fue firmada por unas 50 personas, entre otros por Rafael Robledo, Ramón A. Aguilar, Eduardo Oberlín, el escribano Mascaró, Joaquín Pujato, Alberto Chá, José Taquela, Juan y Luis Grancelli, A. El Halli Obeid, Crescencio Enrique, P. Mugica, Colobig Hnos., etc.
Este tema se resolvió ascendiendo a Colli como Subinspector de Escuelas y nombrándose a su hija Josefa como nueva Directora con fecha 1º de mayo.
A partir de este momento y por el tiempo que estuvo ella a cargo, al referirse del establecimiento los diamantinos la mencionaban como "la escuela de las Colli".
Durante 1914 las planillas de Estadística Mensual, eran completadas con los siguientes datos: Escuela Elemental “Manuel Alberti”. 1º a 3º Grado. Alumnos: 122, Directora: Josefa Colli (23), Maestras: María Luisa Colli e Isabel Jeanneson (18 años)
Labores Aux.: Catalina Guillen.
Luego otros directores y docentes pasarían por esas aulas en esa etapa. Durante 1915 fue nombrado Director don Juan F. Pérez, de 36 años, y ocupan los cargos de maestras Elena e Isabel Jeannesson, de 22 y 21 años respectivamente. La Escuela tenía hasta 3º Grado y concurrían 113 alumnos; mientras que a fines de 1918, ocupó el cargo de Directora la Sra. Petronila B. de Albuerne, continuando como docentes las señoritas Jeannesson. A fin de año asume la titularidad Sofía A. Gitlin.
En 1919, la Escuela pasaría a ocupar otra casa, que le fue alquilada a don Miguel Santillana, en calle 9 de Julio, que corresponde a la dirección actual del Nº 169, residencia hoy de la Flia. Safenraiter, frente al actual edificio de la Escuela.
El 26 de diciembre de ese mismo año, el Consejo General de Educación dictó la nueva Nomenclatura de las Escuelas Fiscales en la Provincia, por el que se denominó con el número Nº 1 a la "Independencia", que hasta ese momento no tenía, y con el Nº 2 a la "Manuel Alberti".
Así termina esta etapa de la escuela, creada el 7 de octubre de 1892, momento en que se fiscalizó y que posteriormente como otras de las curiosidades de la historia diamantina, se tomó la inauguración de su edificio propio como su fundación, perdiéndose la oportunidad de celebrar su centenario en 1992.
FUNDACIÓN DE LA ESC. Nº 2 "MANUEL ALBERTI"
La década de 1880 / 1890 presentaba a la educación en Diamante en una estado de expectativa, por cuánto se gestionaba regularizar el funcionamiento del área, que dejaba bastante que desear, y que muestra que en muchas etapas de nuestra historia, las escuelas, el gobierno, los docentes y los padres se encontraban ante situaciones que cada uno lo enfocaba de acuerdo a su posición.
Durante 1887, el gobierno provincial comisionó al profesor normal Leopoldo Herrera para que en representación del Consejo General instalara el nuevo Consejo Escolar del Diamante. Seguramente era un paso que lo alentaba a este gran docente, pues no dejaba de realizar una fuerte crítica al Ministro del cual dependía, tal es así que en el informe anual de ese año le expresaba: "Tiempo es ya de convenir que es preciso asegurar al maestro un medio de vida digno y decente, para que pueda entregarse con amor y sin inquietudes a su ardua tarea.
El magisterio es una de aquellas profesiones cuyo ejercicio requiere tranquilidad de ánimo, y si se rodea de miserias al educador, pagándole escaso sueldo por su ruda labor, se le condena a sostener lucha imposible por la vida, y acaba por hacerse descuidado y apático, esto es, se entrega en brazos del deplorable suicidio moral.
Solo el ignorante o el vicioso -afirma un autor caracterizado- puede murmurar contra las contribuciones destinadas al sostenimiento de escuelas.
Solo la gente negada quiere maestros baratos y medios de enseñanza a precios reducidos.
Después de esta frase, nada podríamos agregar más elocuente acerca del punto tratado".
No quedaba atrás el presidente del consejo escolar de Diamante José Villarino, que al elevar al director general de educación don Ernesto Bavio su informe anual, asentaba una punzante descripción de los dos años que estaba en el cargo, diciendo en los párrafos más salientes:
"Difícil es pintar la situación triste en que se hallaban las escuelas establecidas en aquel entonces. Los maestros impagos, las escuelas sin útiles, los padres descuidados en el deber que impone la naturaleza y que se halla escrito en la Ley, los niños vagando a su antojo, la política absorbiéndolo todo y atrofiando ese sentimiento innato en el hombre a desarrollarse en su espíritu, el favoritismo, el egoísmo personal que también en las escuelas había dominado, todo esto constituía el patrimonio de los niños en aquel entonces.
Más no era esto suficiente y la crisis general que se dejó sentir puso el sello a la situación. Se suprimieron escuelas y se refundieron otras mirando siempre a mejores días, sin poder aliviar la triste suerte de las que quedaban gracias que se pudieron sostener envueltas en los trajes harapientos que les habían legado."
Continuaba más adelante: "Otras de la causa que se oponen a la propagación de la enseñanza es la indiferencia de los padres y en especial de los naturales del país, a quienes sería conveniente aplicar la ley y de este modo se conseguiría el resultado apetecido, pero es primero es necesario escuelas y dotar las existentes, de casa a propósito y de útiles de los que carecen por completo.
Y al hablar de justicia del fiel cumplimiento, y de un modo elevado en el ramo de enseñar no puedo por menos de manifestar mi modo de sentir diciendo que el sueldo de que gozan es muy módico en relación al trabajo, así es que desde luego si se quiere tener profesores que sepan conducir a la juventud por el camino del bien y del saber, es necesario que ellos vean un porvenir más halagüeño y placentero como resultado del trabajo ímprobo de dos años.
Como podrá subsistir un maestro con $ 70 de sueldo cuando esa cantidad la consigue cualquiera que con muy poco trabajo se dedique a otra industria, que ni podrá compararse con el sublime magisterio de la enseñanza.
Fuerza es que el Consejo General se ocupe de mejorar la triste suerte de quien como maestro es el centinela avanzado de la ilustración y de quien sabe sacrificarse en bien de los hijos del pueblo, y como al formarse el presupuesto del año entrante el Consejo General tendrá que proponer eso mismo, desde luego debe mejorar la suerte de esos funcionarios"
No dejaba de sumarse a este informe, los elevados por los directores de las escuelas graduadas de Varones y de Niñas, que aún funcionaban separadas en el local propio construido en 1874 frente a la plaza, ocupando media cuadra.
Ambos se quejaban de los problemas en el edificio, señalando entre otros las goteras y el vencimiento de las vigas que sostenían los extremos de los demás tirantes, sumándose la falta de higiene y que en vez de solucionarse, se iba agravando.
Además Leopoldina E. Puentes, Directora de la Escuela de Niñas, indicaba el inconveniente de disponer de un solo salón de clases, el cual no tenía ninguna división y era ocupado por las 60 alumnas en tres grados.
Durante el año 1888 no hubo grandes novedades, lo que induce a presentar su renuncia al maestro Francisco Arce al cargo de Director de la Escuela Graduada, en marzo del año siguiente.
Esta situación creó la oportunidad propicia para abrir una escuela particular que permitiera a familias de mayores recursos brindar una mejor educación de sus hijos y darles el ambiente adecuado para ello.
Pero la idea no se le ocurrió solo a una persona, sino a dos, y curiosamente la solicitud fue presentada el mismo día: 10 de marzo.
Una fue la Srta. Trinidad Almanza, secundada por su madre Celina como ayudante, solicitando autorización al Consejo Escolar del Departamento para abrir una escuela particular, "en una casa de dos piezas expresamente para dar clases, ubicada a dos cuadras y medias al Oeste de la plaza “Independencia”. La otra la Srta. Clorinda Melo, junto a sus hermanas Prosperita y Nicandra, comunicando que había abierto una clase de enseñanza mixta, disponiendo de dos salas para trabajos, espacio para recreo y una manzana de terreno plantada de arboleda y jardín; ubicada en lo que conocemos como la “Casa de los Melo”. Esta apertura ya consumada, debe haber sido seguramente permitida por la influencia del círculo familiar en nuestra comunidad.
Ambas escuelas tuvieron buena matrícula, pero indudablemente el paso que buscaban era el reconocimiento oficial, que daba la oportunidad de ser fiscalizada, recibiendo así subsidios y sueldos oficiales. Lo real era que en los planes del Consejo era habilitar una escuela de carácter elemental y seguían de cerca los planes de estudios y programas, encomendándose al Inspector de la 1ª Sección para que informara si daban el mínimo de enseñanza requerido.
Por razones prácticas, Almanza necesitó buscar otro local, acordando en agosto de 1892 con la Sociedad Italiana de SS.MM. el alquiler de la vieja sede social de la entonces calle Moreno, que corresponde a la actual esquina de calles Alberdi y Etchevehere.
Ese fue el preanuncio que alguna noticia tenía que podía ser la selecionada y a pesar de la presión y las preferencias de las autoridades diamantinas. Lo cierto es que el 7 de octubre de 1892, en la sesión del Consejo General de Educación, el Director propuso “Que se considere de carácter fiscal la escuela que dirige en Diamante la Srta. Trinidad Almanza, teniendo en cuenta los respectivos informes del Subinspector del Distrito, en que reclamaba esta medida para evitar que esta escuela se clausurara. El Honorable Consejo prestó su acuerdo quedando la referida escuela en el concepto de Elemental de 2ª Clase”. Es decir que comenzaba a funcionar como la Escuela Elemental Nº 1 de Diamante.
La repercusión en nuestro medio, y principalmente en el Consejo Escolar local, no se hizo esperar, de donde su titular Villarino elevó una carta bastante dura en sus conceptos hacia las autoridades provinciales. Pero lejos de amilanarse, el Prof. Ernesto Bavio ordenó devolver "sin ser tomada en consideración la nota del Consejo de Educación del Diamante relativa a la resolución del Consejo General declarando fiscal la escuela de la Srta. Trinidad Almanza, atendiendo a los términos inconvenientes y a los juicios irrespetuosos que ella contiene, mandándose orden telegráfica para que se cumpla la mencionada resolución. Al mismo tiempo se ordena al Inspector General se traslade a aquella ciudad para que informe sobre la ubicación de la escuela, competencia de la maestra y programa que adopta".
Es interesante observar que en la Planilla de Estadística Mensual correspondiente a marzo de 1893, Almanza registra los siguientes datos: Escuela Elemental Mixta. Fundación: 1887. Edificio: Pertenece a la Soc. Italiana. Costeada: Por el Gobierno. Directora: Trinidad Almanza - Maestra: Ignacia Chaparro. Es decir que considera que el establecimiento ha tenido continuidad desde el primer momento de su apertura.
Esta historia termina con que Villarino, luego de este disgusto, renunció y lo comunicó por nota a Paraná, fundamentando que es por ausentarse de Diamante. Entregó todo el archivo y pertenencias del Consejo Escolar a Dn. Nereo Melo, Jefe del Registro Civil en ese momento, y nada más ni nada menos que el padre de las señoritas Melo.
Estas a su vez, al terminar el año cerraron la escuela, logrando una de ellas: Nicandra, ya diplomada maestra, tomar un cargo en la Graduada.
Por esas vueltas de la vida, esta última, al renunciar la entonces directora de la Escuela Elemental Nº 1 Srta. Rita Miranda, el 26 de abril de 1900 asumió en el cargo del que antes fue competencia.
La Escuela continuó su vida, en 1910 recibió el nombre de "Manuel Alberti" y en 1919, por modificación de la nomenclatura de las escuelas fiscales de la Provincia, el Nº 2.
Así han quedado grabadas en su historia, junto a la figura de Trinidad Almanza, esas dos fechas fundamentales para esta querida escuela: 10 de marzo de 1889 y 7 de octubre de 1892.
sábado, 1 de marzo de 2008
DIAMANTE ENTRE 1848 A 1851
Como en trabajos anteriores he desarrollado como empezaron a formarse las primeras instituciones de Diamante en el período de los años 1848 a 1851, como son los casos del puerto, el templo y la Escuela de Primeras Letras, creo que es conveniente recrear el escenario donde se produjo todo esto.
Ya el Censo del año 1844 dio como resultado que en el distrito Diamante el número era de 372 habitantes[1], pero a partir del año 1848 en que el gobierno del general Urquiza promovió una serie de acciones que es la que benefició a nuestro pueblo, y que lo veo como su "segunda fundación", ya que a partir de acá fue que surgió en su organización, principalmente por los nombramientos de distintas autoridades. Ese año se efectuó un Censo de Esclavos en la Provincia, encontrando en el distrito Diamante uno: Luis Bergara[2] siendo su ama doña María Bergara de Hernández, esposa del comandante Luis Hernández; mientras que al otro año, el Censo de Población de la Provincia, dio para el Pueblo 608 habitantes y 83 propiedades[3].
En abril, Hernández le escribió a don Benigno Cabral "El pueblo sigue adelantándose en poblaciones: hay siete casas de negocios regulares, cinco fábricas de ladrillos, dos de adobe crudo, tres carpinterías de obra blancas, dos de carretas, una herrería, una platería, tres albañiles, un molino y una atahona*". Esta atahona con sus útiles correspondientes fue traída con procedencia de Santa Fe por don Juan Pujato, más cuatro puertas con sus marcos, todo en bastante uso, siendo la primera para plantificarla en este punto; y la segunda, para la casa que el Sr. Pujato va a edificar en este Pueblo"[4] según asentó el receptor Agulla.
El periódico "El Porvenir de Entre Ríos", en su edición del 11 de marzo de 1850 publicó: "Tenemos ya, dice nuestro corresponsal, artesanos de todas clases, zapateros, herreros, sastres, carpinteros, una sombrería, una platería y todos trabajan sin cesar. Además de eso, hay en el alrededor de nuestro pueblo, hornos de ladrillos y cal. Tenemos también cortadores de madera para construcción, tanto en tierra firme como en las islas, tenemos a más, una porción de tiendas y casas de negocios girando cada una un regular capital y lo mejor teniendo un regular despacho".[5]
A fines de agosto, el Comandante Militar informó que en el pueblo existían diez casas de venta pública, una atahona, un molino, una calera, una cancha de bolas y un billar.
En 1851 ya se encontraba en funcionamiento "un establecimiento de vapor" propiedad de don Antonio Puig.
Todo ello confeccionó un cuadro atrayente, principalmente al comenzarse las obras públicas, que dio la necesidad de mano de obra, como la promoción de actividades agrícolas por parte del comandante Hernández a instancias de Urquiza, dando tierra y semillas a los que deseaban.
Otras de las medidas del Gobierno de la Provincia, fueron organizar administrativamente el área de las finanzas de la Provincia, para lo cual el Ministerio de Hacienda como así las Receptorias de Rentas de cada pueblo debían presentar los estados contables mensuales, con todos los ingresos y gastos realizados, siendo todas las comunicaciones por notas, las que eran cuidadosamente archivadas. Esto nos permite hoy conocer detalladamente su funcionamiento, específicamente la que funcionó en Diamante, la cual estuvo a cargo inicialmente del mencionado Agulla.
El 7 de abril, el Receptor le solicitó al contador general de la provincia Vicente del Castillo, que se le determine "Si debo abrir en el Libro Mayor un ramo más de Cargo, el de Correos, a la vez que lo hace con el de "Derecho de Propios de Ciudad", o sólo llevo un cuaderno por separado en que se registra el producto del porte de cartas recibidas en esta Administración[6]", lo que demuestra que lo relativo al envío de correspondencia a través del sistema de postas, era administrado desde la Receptoria. Además debemos interpretar esto como la primera oficina que cumplió actividades postales en nuestra ciudad.
La Receptoria era además la responsable de abonar los sueldos a los funcionarios. Por ejemplo vemos el 31 de enero de 1851, confeccionó y elevó la "Planilla de sueldos, asignaciones y alquileres de casas que deben pagarse por esta administración en este mes: por el Departamento de Gobierno: Al beneficiado Pbro. Esteban Solari $ 25, al Preceptor Escuela de la Villa don Juan Méndez $ 25; por el Departamento de Hacienda: al Administrador de Rentas don Manuel Agulla $ 70, al Cabo de Rentas Capitán Martín Ruiz Moreno $ 50; y en el Departamento de Guerra: al Cte. del Dpto. don Luis Hernández $ 65, al Escribiente don José Antonio Hernández $ 25 y a don Benito Pujato por el alquiler de la casa de la Comandancia.
El 8 de setiembre, Hernández informó: "El infrascrito facultado por S.E. para alquilar una casa que sirva para la oficina de la Comandancia Militar, y con la suficiente comodidad para la Guardia de Prevención, ha visto la de don Benito Pujato que se compone de cuatro piezas y la alquila en $ 17, hasta puede, no tan solamente servir para la Comandancia, sino para la Aduana, una sala, un cuarto, el zaguán y el comedor, la alquila también Pujato, dividida de las otras piezas en $ 12 las que tienen el local bastante para la enunciada oficina de la Comandancia"; por lo que se abonó a partir del 1º de octubre la cantidad de $ 12.- por dicho alquiler. Esta situación duró un mes, pues a partir del 1º de noviembre, Agulla comenzó a pagar mensualmente a don Lorenzo Echeverría el alquiler de la casa que ocupó la Comandancia Militar de este punto, quedando desocupada la propiedad de Pujato.
Con respecto al funcionamiento de la Justicia, con fecha 13 de abril de 1849, por ley se dividió la Provincia en diez Departamentos para mejor orden y facilidad en la administración de la justicia, uno de los establecidos fue el departamento Diamante. A partir de este momento dejó de pertenecer como fue desde 1822, al Departamento 3º del 1º Principal.
También ese día, la Honorable Cámara de Representantes de la Provincia sancionó el Reglamento de Administración de Justicia, donde dio la Magistratura Judicial. En la Sección 2º fijó la división territorial de la Provincia, mencionando en su punto 3º para el departamento del Diamante, el territorio comprendido desde el Paracao, Paraná abajo hasta la barra del Dol, comprendiendo el pueblo y suburbios, y los distritos Salto, Palmar, Costa Grande e Isletas.
En la Sección 3º fijó los Jueces Subalternos que debía haber en cada departamento, indicando en el punto 2º para Diamante: un Juez de Paz, un Alcalde de Barrio en el Pueblo y cuatro Alcaldes de Distrito en la Campaña; a raíz de ello, el 27 de julio por decreto se nombraron Jueces de Paz en los pueblos de la misma, siendo designado para departamento del Diamante a don Antonio Ríos; también se nombraron los Alcaldes: de Barrio Dn. Ignacio Castro; del distrito Salto: Teniente Dn. Vicente Almada; distrito Palmar: Teniente D. Felipe Ramírez; distrito Costa Grande: D. Pedro Torres y distrito Isletas: Alférez Dn. Mariano Chaparro
El juez de paz Antonio Ríos falleció en ejercicio de sus funciones, por lo que el 14 de febrero de 1851 fue reemplazado por don Diego García.
Referido al funcionamiento de la administración pública en ese momento, cito una curiosa circular que con fecha 18 de mayo recibió el administrador de rentas del Diamante Manuel Agulla: "el Gobierno ha apercibido la costumbre introducida en algunas oficinas de admitir en ellas personas que no llevan otro objeto que pasar tiempo tertuliando, así como la servirse mate sus funcionarios, sufriendo en ella un retardo y perjudicando el servicio público". También, el 17 de noviembre, Agulla le informa al Ministro, "Que ha recibido 100 ejemplares de almanaques para el entrante año de nuestro Señor para vender al precio de un real cada ejemplar".
Las comunicaciones se realizaban a través de chasques, con un sistemas de postas. La estructura de éstas fue organizada desde el gobierno, y permitieron en forma rápida y eficaz el envío de correspondencia, principalmente la oficial. En una nota del comandante Hernández al ministro Galán con fecha 4 de setiembre, le informaba sobre los Maestros y Postillones, número de caballos con que estaban dotadas, paraje en que están situadas y distancias de unas a otras paradas. Dice que "La 1ª, 2ª y 3ª Posta de las que desempeñan la carrera de este Pueblo a la Capital, han sido provisionalmente puestas por este Comandante, en atención a las continuas ocurrencias que diariamente hay, y a la escasez de caballos que en general hay en la costa, dirección de esta carrera" e incluye en la "Carrera del Diamante a la Capital" la Posta 1ª, a cargo del Maestro de Posta Juan Pujato, ubicada en el suburbio del Pueblo, una legua al Norte; la Posta 2ª, con el Maestro de Posta Manuel Gregorio Solis, en el paraje Rincón de la Ensenada, en dirección al Sur una 1 legua y al Norte tres; la Posta 3ª, con Roque Jumilla, en Palmar en dirección Norte cuatro leguas y tres al Sur; y la Posta 4ª de Manuel Almada en el paraje Paracao.
Otras de las obras que se llevó a cabo en ese momento fue la organización del Cementerio, que dependió directamente de la Iglesia, pero coordinado por el Gobierno a través de Luis Hernández, quien el 23 de julio de 1850, le expresó al ministro Galán que el señor Antonio Ríos quedaba nombrado encargado del cementerio y el sacerdote Esteban Solari capellán del mismo.
En febrero del año siguiente, el comandante nuevamente se dirigió a Galán: "Habiendo reparado el infrascrito estar en precisa necesidad la construcción del cementerio que está destinado para esta Parroquia, lo hace presente a V. S. para el superior conocimiento del Exmo. Gobierno, solicitando otorgue su aprobación para formarlo del modo que mejor convenga a la determinación superior".
Fue terminado de construir durante 1852, pagándose a Mariano Almada y M. Cuesta la cantidad de $ 439.- "que importa el presupuesto para la construcción del Cementerio"; mientras que en marzo de 1853 Agulla consultó al contador general Vicente del Castillo que "teniendo que datar en este mes una cantidad que entregué para la obra del Cementerio que se construyó en ésta, espero se sirva decirme en que ramo debo hacerlo: si en Obras Públicas o en Gastos de Culto”.
La ubicación que tuvo éste no lo he podido determinar fehacientemente, pues no he encontrado hasta el momento ningún croquis o plano que fije el lugar, pero de acuerdo a otros antecedentes opino que más o menos estaba en lo que es hoy la esquina de calles Eva Perón y 9 de Julio, hasta el año 1866 en que ya completamente en ruinas se comenzó la construcción del que luego se estableció en Barrio San Martín.
Y otra área que no quiero dejar de comentar es la de la Medicina, cuyo primer antecedente que encuentro en Diamante es el 5 de setiembre de 1851, donde el Receptor le escribió a León Mugica: "Mi estimado amigo: Desde este mes empiezo a proveer el Hospital Militar que se ha establecido y tengo también un empleado que debo pagar por esta Caja. Sírvase Ud. decirme si tanto los gastos como el sueldo del empleado debo datarlos en un ramo que abriré denominado “Hospital Militar”. A partir de ese mes comenzó a pagar el sueldo de $ 34 al Médico del Hospital Militar instalado en la Villa Dr. Diego Pardué, repiténdose en los meses de Octubre y Noviembre. En enero del otro año se hizo cargo el médico del ejército Casimiro Sebastié, nuevo encargado de la asistencia, pero estos dos marcharon con el Ejército en operaciones, y a partir del 8 de mayo, el profesor de medicina Pedro Serrano, por su actuación profesional en el Hospital Militar instalado en ésta, comenzó a cobrar en forma mensual por la caja de esta Administración de Rentas, según los detalles del Libro Mayor, y lo encuentro hasta noviembre de 1853, ya que este hospital siguió atendiendo a los que volvieron de Caseros, y obviamente a la población que lo necesitó. Del Dr. Serrano se conoce su posterior actuación cuando fue nombrado como el primer médico de policía de Diamante en 1861.
*ATAHONA: Molino que molía granos con ayuda de caballos.
LA “SEGUNDA FUNDACION” DE DIAMANTE
Cuando la Sala de Representantes de la Provincia, convirtió en Ley el proyecto enviado por Pascual Echagüe en febrero de 1836 para fundar un pueblo con el nombre de “El Diamante” en Punta Gorda, indudablemente sólo le dio la formalidad jurídica a un asentamiento que ya existía de hecho de tiempo atrás, además de existir elementos que permiten pensar que el mismo gobernador tuvo la idea cuatro años antes, al radicar a los naturales misioneros provenientes de la zona de Cuareim y refugiados en Mandisoví, y sumarlos a esos habitantes que ya estaban establecidos en la zona.
No se encuentra en la rica documentación que existe en los archivos, ninguna referencia a que esta nueva situación le haya cambiado la existencia a este nuevo pueblo, sólo la llegada hacia fin de año del agrimensor André para realizar una demarcación de acuerdo a lo establecido a la ley de fundación y dejar establecido los sitios habitados por sus habitantes.
No tuvieron calles, sólo senderos, no hubo iluminación pública. La mayoría de los hombres estuvieron enrolados en las milicias que permanentemente estuvieron participando en campañas propias del convulsionado momento que vivía la provincia. Durante 1839, los diamantinos fueron integrados a las fuerzas que debieron intervenir en Corrientes en los sucesos que sobrevinieron a raíz de la alianza del gobernador correntino Genaro Berón de Astrada y el oriental Rivera. Luego de Pago Largo, Echagüe reordenó sus fuerzas y cruzó el río Uruguay en busca de Rivera, donde se produciría el revés de Cagancha. Allí también estuvieron nuestros hombres.
Entre 1840 al 45, murieron varios de ellos, como Marcos Cuello y Antonio Muñoz, últimos comisionados del lugar y a la vez los de mayor jerarquía.
La falta de varones en nuestro incipiente pueblo, provocaron que el estado de indigencia de las familias que quedaron fuera bastante grave y de extrema pobreza, como el caso de las correspondientes a los misioneros que debieron acompañar al coronel Gaspar Tacuabé, debiendo el Gobierno provincial tomar medidas para palear la situación, por lo que ordenó al Comandante de la Victoria que les proveyera del género necesario para camisas y calzoncillos para los hombres y para camisas y enaguas para las mujeres.
En este interín asume la gobernación el general Justo José de Urquiza en reemplazo de Echagüe, debiendo afrontar la convulsionada situación de la Provincia, llevándole un buen tiempo ir gradualmente tomando el control de ella y realizar efectivas medidas para organizarla.
Diezmada la población y sin grandes expectativas, se dio la oportuna visita de don Ruperto Pérez en 1846, que con un plan de delineación de los pueblos trabajó en el lugar. No sólo cumplió su trabajo profesional, sino que en el informe que le elevó al general Urquiza le hizo saber de lo pintoresco de la localidad y de lo aventajado de su situación, haciéndole notar el buen puerto y que era el primero puerto más cercano a la fuente de comercio exterior "que nos viene por el río Paraná, sin duda que es preferente a la de Victoria y Paraná". Termina expresando sobre Diamante "A mi juicio con muy poco empeño conseguirá V. E. engrandecerlo".
Urquiza seguramente tuvo en cuenta este informe a la hora de planear y decidir en 1848 una serie de acciones que repercutió favorablemente en el pueblo: crear sus primeras instituciones, organizando principalmente la parte administrativa de su gobierno, circunstancia que puede considerarse como su "segunda fundación", ya que a partir de estos hechos, pasó de ser en poco tiempo de un simple asentamiento en una localidad con instituciones organizadas que le dio otro marco a su existencia.
El 4 de julio de 1848, fecha histórica para Diamante, el gobierno provincial creó la Comandancia Militar, nombrando como su titular a don Luis Hernández; Receptor de Rentas a don Manuel Agulla, y entre otras medidas, habilitó el puerto, con el capitán de caballería Martín José Ruiz Moreno como Capitán del mismo y Cabo de Rentas. Al año siguiente, creó entre otros, el departamento Diamante, designando como Juez de Paz a don Antonio Ríos.
En esta etapa, se construyeron dos obras públicas: el templo (hoy convertido en la casa parroquial) y la Escuela de Primeras Letras. Se nombró al primer Cura, se designó la Comisión Inspectora de la Escuela de Primeras Letras y se contrató el primer maestro
Durante 1949 ya funcionaban según el informe del Comandante Militar: siete casas de negocios regulares, cinco fábricas de ladrillos, dos de adobe crudo, tres carpinterías de obra blancas, dos de carretas, una herrería, una platería, tres albañiles, un molino y una atahona.
Por su parte el periódico "El Porvenir de Entre Ríos", en su edición del 11 de marzo de 1850 publicó: "Tenemos ya, dice nuestro corresponsal, artesanos de todas clases, zapateros, herreros, sastres, carpinteros, una sombrería, una platería y todos trabajan sin cesar. Además de eso, hay en el alrededor de nuestro pueblo, hornos de ladrillos y cal. Tenemos también cortadores de madera para construcción, tanto en tierra firme como en las islas, tenemos a más, una porción de tiendas y casas de negocios girando cada una un regular capital y lo mejor teniendo un regular despacho". Ademásuna cancha de bolas y un billar.
Todo ello confeccionó un cuadro atrayente, principalmente al comenzarse las obras públicas, que dio la necesidad de mano de obra, como la promoción de actividades agrícolas por parte del comandante Hernández a instancias de Urquiza, dando tierra y semillas a los que deseaban.
Por todo esto, durante esta etapa y hasta en homenajes que se hicieron hasta la década de 1890, se tomó a esta camada de funcionarios que ejercieron cargos como "fundadores" del pueblo, como el caso del comandante Luis Hernández que se le otorgó a sus restos el privilegio de descansar en el Lote Nº 1 del cementerio con una lápida con la inscripción de ser el fundador, o en el caso del juez Antonio Ríos, que el testimonio de fallecimiento en 1850, el P. Esteban Solari anotó: "Cooperó a la fundación y adelanto de este nuevo pueblo"
martes, 20 de noviembre de 2007
Como se vivió el momento de la fundación
Al hablar de la fundación de Diamante, normalmente se comenta lo que nos testimonian los documentos que se conservan de ese momento y nos dejan el concepto de esa medida generada por el gobierno provincial, dándole forma jurídica a una población que ya existía de hecho. La pregunta que me hago y que trato de darle respuesta, es ¿cómo vivieron los habitantes ese momento en Punta Gorda?.
He desarrollado en trabajos anteriores, la forma en que paulatinamente se fue poblando Punta Gorda, motivando que las autoridades nombraran a partir de 1830 un comisionado que se hiciera cargo del control del punto. A partir de 1832, el que fue designado fue el teniente de las milicias entrerrianas Marcos Cuello, en cuyo mandato no sólo continuó con las actividades impuestas, sino que le tocó vivir los momentos previos a lo que fue la fundación.
A quedado documentado que la idea del gobernador Echagüe fue llevarlo a la práctica, aprovechando el traslado de los guaraníes desde la zona de Mandisoví, que no fueron todos los que inicialmente formaban el grupo, sino que al final solamente una parte de ellos fueron de la partida, como lo desarrollaré en un próximo trabajo.
Esto se desprende de una carta que le hizo llegar con fecha 28 de setiembre de 1832, el delegado eclesiástico Francisco Dionisio Alvarez, con asiento en Paraná, al Obispo Mariano Medrano y Cabrera, expresándole que “Igualmente el Gobº ha determinado población en Punta Gorda, pertenencia de este Curato, y como se fundará también capilla, suplico a SS. Ilma. tenga a bien la erección en ésta, por ser sumamente útil y concederme poderla bendecir cuando esté en estado de perfección. Y como los principales fundadores son guaraníes refugiados allí y protegidos por el Gobierno, y siendo pocos castellanos, se hace preciso nombrar un notario para los matrimonios de éstos, por lo que espero a la bondad de su Ilma. me faculte para dicho nombramiento y me despache los títulos correspondientes".
Referido a esta nota, podemos deducir dos cuestiones: una que en realidad, a pesar que se podría entender que estos guaraníes serían la base del pueblo, en honor a los datos que poseo del resto de los habitantes del lugar, estos últimos lo superaban en número, pero con la limitación que revistaban en las milicias y permanentemente eran convocados a campaña. Lo mismo les ocurriría con el tiempo a muchos de los indígenas llegados.
La otra cuestión, es relacionada a esa capilla solicitada, la cuál creo firmemente que se construyó, dado que estudiando las costumbres de ellos, cada vez que llegaron a un nuevo lugar en esos tantos desplazamientos que tuvieron a causa de los problemas que les tocó vivir, fue una constante la construcción de un edificio de paredes de barro y techo pajizo para ese fin. Posteriormente fueron varias las visitas sacerdotales desde Paraná con fines pastorales, como una documentada en 1839 con membrete de la “Capilla interina de los Indios Diamante” titulada “Las criaturas que han echado los óleos” y la lista de los que recibieron el sacramento con padrinos incluidos. Además podríamos considerar como otro elemento que fortalece esta posición, el párrafo que figura en un inventario confeccionado el 5 de febrero de 1855, archivado en el Arzobispado de Paraná, listando los elementos que existían en el templo recién construido (la hoy casa parroquial), donde se menciona una “iglesia bieja”.
Lo cierto es que el pueblo existía de hecho, con una cantidad más o menos de trescientos habitantes, y había de esperar cuatro años más para que tuviera su fundación.
La decisión de Echagüe de elevar el proyecto a mediados de febrero de 1836 para realizarla, hizo que se hiciera realidad y el 27 la Legislatura terminó de ajustar los detalles del texto y lo convirtiera en Ley, promulgándolo el gobernador el 1º de marzo.
Hasta allí todo el trámite fue administrativo. No hay documentación que acredite que en ninguna de esas dos fechas, en Punta Gorda se enterasen de lo que estaba ocurriendo o que hubiere algún festejo por ese motivo.
Podríamos suponer que Cuello habrá escuchado algún comentario, pero lo cierto es que no existió ninguna noticia oficial del acontecimiento. En esa orientación, recorrí los índices de las comunicaciones oficiales que salieron desde el gobierno provincial, haciendo hincapié principalmente en la proveniente del ministro Carriego, como los libros copiadores, con resultado negativo
El 29 de febrero, acompañadas por nota de la Legislatura y firmada por su presidente Uzín, pasaron a manos del Ejecutivo "las dos adjuntas leyes sancionadas en el día de sus fechas por la Honorable Representación, la una sobre contrabandos, y la otra para el establecimiento del Pueblo Diamante en Punta Gorda", lo que permite seguir razonando que la fundación estuvo relacionada, no sólo con la organización institucional de la Provincia, meta de Echagüe, sino además, con la posibilidad de otorgarle peso jurídico al lugar, en cuanto al nombramiento de autoridades y ser considerado en el presupuesto anual, a efectos de lograr el propósito secundario, pues el lugar seguía siendo un puerto natural muy usado por la gran cantidad de navíos que transitaban el Paraná, como así la cercanía de las islas y el camino tan usado para el cruce a Santa Fe, como era el Paso del Rey o de la Manga y que requerían un mayor control. Se puede apoyar esta idea también, que con fecha 5 de ese mes se sancionó la Ley de Aduanas, fijando pago de gravámenes a la salida de ganado en pie, como productos provenientes del ramo, a elementos traídos por vía marítima desde otras provincias, como telas o vestuario confeccionado, maderas, frutos, legumbres, metales, harinas, etc.
Luego de la promulgación, el ministro Carriego se encargó de enviar dos copias legalizadas de las leyes a otras reparticiones para su conocimiento, recomendando poner "su mayor celo en el cumplimiento de la relativa al contrabando", pero llamativamente no aparece ninguna remitida a Diamante.
Recién el 11 de ese mes, Carriego realizó dos comunicaciones desde Paraná al Diamante: una al teniente de milicias Marcos Cuello, en la que le expresaba: "El Gobierno ha dispuesto con esta fecha que el Capitán de Milicias don Pablo [sic] Muñoz se encargue de Punta Gorda hoy el Diamante: para el cumplimiento de esta superior disposición es de necesidad que Ud. reúna el vecindario de ese punto el 1º día festivo, y le haga reconocer como tal Encargado, y de haber tenido efecto esta disposición dará Ud. cuenta al Gobierno. El infrascrito al cumplir con lo ordenado por V. E., tiene también orden para dar a Ud. las gracias por el buen desempeño en el encargo que interinamente se le confió. Dios guíe al teniente de milicias muchos años".
La otra la envió al capitán Antonio Muñoz: "Adjunto encontrará Ud. el Despacho que el Gobierno a tenido a bien expedir nombrándole Encargado del Punto del Diamante en lugar del que lo era don Marcos Cuello, quien lo hará reconocer como tal Encargado el primer día festivo. El Ministro infrascrito de orden de S. E. le encarga que al entrar a ejercer las funciones de Encargado de tan importante punto, preste toda la consideración posible para mantener la buena armonía y tranquilidad de ese vecindario, pues son precisas condiciones en Ud. la honradez y demás virtudes por que lo hacen digno de la confianza del Gobierno".
Cuatro días más tarde, en nota fechada en "Punta del Diamante", Cuello contestó al Ministro: "El que suscribe, dice haber recibido la nota Superior de V. y en su consecuencia digo a V. y con esta fecha he reunido la gente y le he dado a conocer al Sor. Capitán Antonio Muñoz y he convenido con todos los buenos comportamientos y el respeto debido al Sor. Encargado. Yo mismo hubiera bajado a ésta con el cargo de darle las gracias, pero el Sor. Muñoz me hace quedar para esperar al Sor. Gobernador. Dios guarde muchos años"; mientras que Muñoz también informó la recepción, expresando en una primera nota: "El que firma da cuenta al Sor. Ministro, haberse recibido del ya indicado punto, en lugar del Sor. Teniente don Marcos Cuello, como se le ordenó; lo que ofrece al Exmo. Gobierno desempeñará con el deber y delicadeza que es debida a su honor no dudando cumplir como se le encarga, y de quedar recivido lo avisa a su Exa. para los fines conciguientes."; y luego en otra misiva, pero dirigida al Gobernador, haciéndole saber que había recibido ese Punto tal como había sido ordenado, más cinco lanzas y ocho bueyes.
A esto debemos agregar, que Cuello quedó secundando a Muñoz en el escuadrón de milicias acantonadas en el lugar y en varias oportunidades quedó a cargo, al ausentarse el titular.
¿Habrá sido en ese acto realizado el 15 de marzo que la población se enteró que habitaban un pueblo que a partir de allí se llamaba "El Diamante"?, ¿cómo lo habrán celebrado?. Lo cierto es que para ellos en la práctica nada cambió en la vida que llevaba. No existían calles, ni alumbrado público o la posibilidad de atención médica. No se aprecia en la documentación oficial existente hechos que lleven a pensar un progreso en esa situación.
La única medida del gobierno provincial, fue contratar un ingeniero para delinear su planta, el área necesaria para chacras y pastos comunes. Juan Bautista André fue el agrimensor que realizó el relevamiento del pueblo y preparó un plano, dirigiendo además el correspondiente amojonamiento y agregando "la lista de los individuos que tienen sitios en dicho pueblo".
El primer emplazamiento del pueblo
Creyendo que durante varios años he tratado de llevarles a ustedes los pormenores de ese acto y los hechos que lo rodearon desde el punto documental, en base a los testimonios que voy encontrando en mi paso por los archivos, dedicaré este artículo a desarrollar en que lugar se levantaron los primeros ranchos de sus habitantes y cuando se habla de este pueblo recién fundado, donde estaría situado hoy.
Entre el siglo XVIII y principios del XIX eran conocidos tres lugares que indudablemente mucho tuvieron que ver con el origen de la formación de nuestro núcleo poblacional: Punta Gorda, que comprendía la costa sobre el río Paraná desde la desembocadura del arroyo de la “Ensenada” hasta el arroyo “Azotea”. Dicho punto geográfico era incluido en la cartografía confeccionada a partir del siglo XVIII por distintos navegantes.
El segundo lugar, diez kilómetros más al Sur, más o menos en la desembocadura del arroyo de "La Manga" comprendiendo todo el sector de islas que tiene enfrente, se lo denominaba "Paso del Rey" o "de la Manga", y era el lugar utilizado para cruzar el río; siendo la ruta obligada de Coronda (Pcia. de Santa Fe) a Entre Ríos por las facilidades que daba, principalmente contando con las bajantes que se producían en el curso del mismo. Ese lugar comprendía toda la extensión entre las dos bandas del río.
Y el tercer paraje que se encuentra puntualizado, es el arroyo de la Ensenada o Pago de la Ensenada, con habitantes que se encontraban radicados a su vera y de allí hacia el Norte y al Este, seguramente ocupando parte del hoy Ejido de Diamante y de los distritos Palmar y Costa Grande.
Estas especificaciones geográficas son interesantes tenerlas en cuenta, pues se trataron de lugares diferentes, con relativas distancias entre sí, algo más importantes para esas épocas, y algunas veces confundidas en las citaciones por parte de viajeros y autores, creo que por no tener precisados sus límites.
La mayor parte de la población que inicialmente hubo en esos momentos, soy de opinión que no se dio precisamente en Punta Gorda, sino en los otros dos parajes, como ha quedado testimoniado a través de innumerables documentos y tantas designaciones de autoridades en estos parajes.
La mayoría de estos primeros pobladores llegaron a mediados de 1740 cuando se produjo una corriente colonizadora que se inició en los lugares nombrados, lo que llevó a la necesidad de organizar una compañía de milicias con asiento en la zona de la Ensenada integrada por estos mismos hombres, cumpliendo un servicio policial, por eso no es extraño que en el censo que realizó en Entre Ríos en 1745 el religioso Fray Roque del Pino, perteneciente a la Orden de San Francisco y que tenía su asiento en el Convento de Santa Fe, relevamiento que comprendió a casas, dependencias agrícolas, familias, etc. El referido trabajo es el que incluyó el funcionamiento de un "principio de escuela" en proximidad del citado arroyo dirigido por Agustín de la Tijera y cuya instalación había sido gestionada en 1731 por el primer cura de la parroquia de “la otra banda del Paraná”, presbítero Francisco Arias en nota dirigida al Cabildo de Santa Fe.
A su vez, desde Buenos Aires, el virrey Juan José de Vértiz comisionó a don Tomás de Rocamora para solucionar unos conflictos en Gualeguay, practicar un estudio sobre la situación de los pobladores de Entre Ríos y, posteriormente plantificar cinco poblaciones. El nombrado funcionario, en su extenso recorrido, no dejó de reparar en los terrenos próximos a Punta Gorda. Así, en el oficio que el 2 de enero de 1783 dirigió al Virrey desde Gualeguay, expuso que hacia el sur de la Bajada: "Siguiendo las aguas del Paraná, está el Arroyo de la Ensenada, que en otro tiempo aseguran que era el pago más floreciente, poblados sus bordes de mucha ranchería, inmensos ganados, pero en el día más bien infeliz a causa de la derrota [de los ganados] a Montiel, y de haber desalojado de allí el vecindario don Fabián Barnachea que se posesionó con pretensión de fondos también en el Uruguay”.
En cuanto a designaciones, varias se hicieron antes de 1800, por ejemplo en 1792 el Cabildo de Santa Fe, continuando con la organización de la región creó los Juzgados Pedáneos de Feliciano y Nogoyá. Este último tenía jurisdicción sobre lo que es hoy Diamante, nombrándose tres años más tarde como Juez de Nogoyá y de La Ensenada a Dn. Matías Zapata, siguiendo él a cargo al año siguiente solamente de la segunda jurisdicción, pues dada la importancia adquirida, hizo que se creara el Juzgado Pedáneo de la Ensenada, separado del anterior.
Estos jueces tenían como misión entre otras cosas intervenir en las ventas de tierras, inspeccionar las posesiones y tratar los problemas menores que se suscitaban entre los vecinos.
En 1797 se reemplazó a Zapata por el capitán Isidro Cuestas, extendiéndosele en poco tiempo su jurisdicción hasta Las Isletas, tres años más tarde, se designó Juez “para La Ensenada al Sur y hasta el Dol” (Doll) a don Diego López.
Hasta allí no observamos ninguna mención de pobladores en Punta Gorda y hasta podríamos decir que estamos hablando del mismo lugar. Pero es interesante destacar que Punta Gorda si figura en ese momento en distintos documentos, pero relacionado al punto geográfico y no a sus posibles habitantes.
Recién en 1812, al fallar en su misión las Baterías "Libertad" e "Independencia" de frenar que una escuadrilla realista remontara el Paraná, hizo que para fines de julio fueran levantadas, llevándose parte de sus elementos para construir baterías en Punta Gorda y Santa Fe por decisión del Triunvirato, quien ordenó al coronel Monasterio el reconocimiento del Paso del Rey o de la Manga con el fin de instalarlas y así impedir ese posible intento de paso, permitiendo además asegurar las comunicaciones y el comercio con el Paraguay.
En Paso del Rey, sin haberse concretado la construcción de la batería, el coronel Monasterio recibió la orden de regresar a Buenos Aires, donde lo encontramos el 22 de julio, fundiendo la primera pieza de artillería con destino al sitio de Montevideo, en la fábrica que se instaló para ese fin, quedando el capitán de Artillería don Manuel Herrera a cargo de proseguir las obras y se designó como comandante Militar de las Baterías al Teniente coronel del Regimiento Nº 2 de Infantería don José León Domínguez. También fue enviado el Barón de Holmberg a realizar un nuevo reconocimiento y allí se decidió cambiar la ubicación del emplazamiento, conviniéndose en levantarlas en Punta Gorda, por entender que era un mejor punto estratégico y ofrecer mayores posibilidades de defensa en caso que fueran atacadas.
Este hecho produjo que por primera vez Punta Gorda estuviera habitado transitoriamente por más de 300 soldados, lo que sirvió para que se acercara gente de los otros puntos al encontrar la posibilidad de surtirse de elementos que estas tropas tenían y a la vez, intercambiar alimentos y otros menesteres que los soldados necesitaban.
De hecho, por una cuestión de razonamiento, estos habitantes no levantaron sus viviendas cerca de las baterías, sino un poco más arriba y alejadas del lugar donde podía concretarse un encuentro armado y allí se mantuvieron al retirarse estas tropas.
Posteriormente, en distintos momentos se produjeron acantonamientos de tropas, motivando que estos habitantes permanecieran en el lugar y que comenzara más frecuentemente a ser utilizado el puerto natural que poseía, llegando a ser tan importante en ese momento el movimiento, que a partir de 1830 se designara un Comisionado, que para apreciar el concepto de su misión, basta observar que en los oficios que se le enviaban, era tratado como "el encargado del celo de la costa", teniendo en cuenta que eran muy cuidadosos en que se pagara el correspondiente impuesto de las mercaderías que entraban y salían, y más si se trataban de animales.
La llegada de Echagüe al gobierno de la provincia, produjo entre otros dos hechos: uno fue darle forma jurídica de pueblos a comunidades que existían de hecho, como el caso de Punta Gorda, otra, el asentamiento de un grupo guaraníes en el lugar, sumándose a las familias residentes, la mayoría de ellas de los integrantes de las milicias destacadas allí, lo que hicieron llegar a una cantidad de habitantes aproximada a los trescientos, hablándose en 1832 de la formación del pueblo, pero diversas circunstancias hicieron que fuera dejada de lado la idea y para lo que habría que esperar unos años más tarde.
Estos naturales misioneros que llegaron a Punta Gorda, cuyos pormenores comentaré en un próximo trabajo, fueron ubicados en una zona que comprendió un espacio delimitado por las actuales calles Alem, 3 de Febrero, 9 de Julio e Yrigoyen, llegando a través del tiempo a disponer de solares entregados por las autoridades, que fueron oficializados a través del plano realizado por el agrimensor André, autor del primer levantamiento topográfico del lugar, y por los que más adelante pagaron impuestos de contribución directa, como en 1885 en el caso de Marcelina Aratí, rescatada como la última sobreviviente de esos aborígenes, en la manzana lindante al Oeste de la Plaza "9 de Julio".
El 1º de enero de 1836 Echagüe prestó juramento para un nuevo bienio como Gobernador de la Provincia: el tercero de su continuada gestión. Al mes siguiente, el Gobernador remitió a la Sala de Representantes un proyecto de Ley sobre la fundación de un pueblo en Punta Gorda, el que fue tratado y aceptado, sancionándose como Ley el 27, siendo promulgada el 1º de marzo.
En su artículo Art. 2º, se expresaba que "La área de su planta comprenderá diez cuadras sobre la ribera del río Paraná, cuyas corrientes se tomarán para darle los rumbos principales a su traza"; y manifestaba además en el Art. 4º: "La plaza tendrá doscientas varas por frentes, las cuadras ochenta y las calles catorce de ancho". El primer párrafo lleva a pensar que fue ubicado sobre la costa, pero el que da luz sobre el hecho es el valioso testimonio dejado por don Martín Ruiz Moreno, en su trabajo "La Provincia de Entre Ríos y sus Leyes sobre Tierras - Tomo II", publicado en 1897 en el momento que organizaba y era el director del Archivo General de la Provincia, que expresaba "La primera población del Diamante se estableció a distancia de doce cuadras del río". Si tomamos un plano y contamos las cuadras, coincide con lo comentado.
Esta afirmación es relevante tenerla en cuenta, ya que junto a su familia –su padre fue Comandante Militar en el lugar en 1846, es decir a los diez años de fundado el pueblo- residió allí y tuvo indudablemente acceso al concepto que nos ocupa.
Y al hablar de la plaza, me inclino con total convicción por la idea que la traza del incipiente pueblo y el primer núcleo poblacional, aparte de los misioneros, tiene que ver con la ubicación del hoy centro cívico, a pesar de no coincidir la plaza con sus actuales medidas. En todo momento y al hablar de ella se refirieron al de la hoy denominada “San Martín”, considerada en los primeros tiempos como la “plaza principal”. Al realizar a partir de 1848 las primeras obras públicas importantes como el templo y la escuela, se menciona que se hicieron en ella, cuestión que nos permite considerar que la manzana ocupada hoy por la Jefatura de Policía y la Iglesia, formaron parte de la misma. Además no se encuentran elementos que permitan suponer otra ubicación.
A pesar de ser un tema al que se le puede sumar mucho material que ayude a armar el concepto al que tratamos de arribar, debemos tener en cuenta detalles como que el Ejército Grande utilizó como zona de vivac la franja libre entre el pueblo y la costa.
Anteriormente, en 1840, luego de Sauce Grande, el general Lavalle abordó con sus tropas la flotilla francesa que lo estaba esperando en Punta Gorda. Un testigo estuvo allí y dejó en sus memorias un relato que agrega otros elementos al tema: el general Paz, quién escribió en cuanto a la característica del lugar, de la existencia "de senderos estrechos que conducen desde las lomas al embarcadero de Punta Gorda", dejando traslucir en su relato que el pueblo y el puerto estaban separados. Pero lo más interesante de este momento, es que otro protagonista del suceso, el coronel Corvalán nos dejó un interesante croquis de la posición de los beligerantes -rescatado por el historiador Benigno Martínez- la situación del pueblo y que creo que sirve para ilustrarnos, pues nítidamente marcó en la parte central de él, las elevaciones del terreno.
Entre el siglo XVIII y principios del XIX eran conocidos tres lugares que indudablemente mucho tuvieron que ver con el origen de la formación de nuestro núcleo poblacional: Punta Gorda, que comprendía la costa sobre el río Paraná desde la desembocadura del arroyo de la “Ensenada” hasta el arroyo “Azotea”. Dicho punto geográfico era incluido en la cartografía confeccionada a partir del siglo XVIII por distintos navegantes.
El segundo lugar, diez kilómetros más al Sur, más o menos en la desembocadura del arroyo de "La Manga" comprendiendo todo el sector de islas que tiene enfrente, se lo denominaba "Paso del Rey" o "de la Manga", y era el lugar utilizado para cruzar el río; siendo la ruta obligada de Coronda (Pcia. de Santa Fe) a Entre Ríos por las facilidades que daba, principalmente contando con las bajantes que se producían en el curso del mismo. Ese lugar comprendía toda la extensión entre las dos bandas del río.
Y el tercer paraje que se encuentra puntualizado, es el arroyo de la Ensenada o Pago de la Ensenada, con habitantes que se encontraban radicados a su vera y de allí hacia el Norte y al Este, seguramente ocupando parte del hoy Ejido de Diamante y de los distritos Palmar y Costa Grande.
Estas especificaciones geográficas son interesantes tenerlas en cuenta, pues se trataron de lugares diferentes, con relativas distancias entre sí, algo más importantes para esas épocas, y algunas veces confundidas en las citaciones por parte de viajeros y autores, creo que por no tener precisados sus límites.
La mayor parte de la población que inicialmente hubo en esos momentos, soy de opinión que no se dio precisamente en Punta Gorda, sino en los otros dos parajes, como ha quedado testimoniado a través de innumerables documentos y tantas designaciones de autoridades en estos parajes.
La mayoría de estos primeros pobladores llegaron a mediados de 1740 cuando se produjo una corriente colonizadora que se inició en los lugares nombrados, lo que llevó a la necesidad de organizar una compañía de milicias con asiento en la zona de la Ensenada integrada por estos mismos hombres, cumpliendo un servicio policial, por eso no es extraño que en el censo que realizó en Entre Ríos en 1745 el religioso Fray Roque del Pino, perteneciente a la Orden de San Francisco y que tenía su asiento en el Convento de Santa Fe, relevamiento que comprendió a casas, dependencias agrícolas, familias, etc. El referido trabajo es el que incluyó el funcionamiento de un "principio de escuela" en proximidad del citado arroyo dirigido por Agustín de la Tijera y cuya instalación había sido gestionada en 1731 por el primer cura de la parroquia de “la otra banda del Paraná”, presbítero Francisco Arias en nota dirigida al Cabildo de Santa Fe.
A su vez, desde Buenos Aires, el virrey Juan José de Vértiz comisionó a don Tomás de Rocamora para solucionar unos conflictos en Gualeguay, practicar un estudio sobre la situación de los pobladores de Entre Ríos y, posteriormente plantificar cinco poblaciones. El nombrado funcionario, en su extenso recorrido, no dejó de reparar en los terrenos próximos a Punta Gorda. Así, en el oficio que el 2 de enero de 1783 dirigió al Virrey desde Gualeguay, expuso que hacia el sur de la Bajada: "Siguiendo las aguas del Paraná, está el Arroyo de la Ensenada, que en otro tiempo aseguran que era el pago más floreciente, poblados sus bordes de mucha ranchería, inmensos ganados, pero en el día más bien infeliz a causa de la derrota [de los ganados] a Montiel, y de haber desalojado de allí el vecindario don Fabián Barnachea que se posesionó con pretensión de fondos también en el Uruguay”.
En cuanto a designaciones, varias se hicieron antes de 1800, por ejemplo en 1792 el Cabildo de Santa Fe, continuando con la organización de la región creó los Juzgados Pedáneos de Feliciano y Nogoyá. Este último tenía jurisdicción sobre lo que es hoy Diamante, nombrándose tres años más tarde como Juez de Nogoyá y de La Ensenada a Dn. Matías Zapata, siguiendo él a cargo al año siguiente solamente de la segunda jurisdicción, pues dada la importancia adquirida, hizo que se creara el Juzgado Pedáneo de la Ensenada, separado del anterior.
Estos jueces tenían como misión entre otras cosas intervenir en las ventas de tierras, inspeccionar las posesiones y tratar los problemas menores que se suscitaban entre los vecinos.
En 1797 se reemplazó a Zapata por el capitán Isidro Cuestas, extendiéndosele en poco tiempo su jurisdicción hasta Las Isletas, tres años más tarde, se designó Juez “para La Ensenada al Sur y hasta el Dol” (Doll) a don Diego López.
Hasta allí no observamos ninguna mención de pobladores en Punta Gorda y hasta podríamos decir que estamos hablando del mismo lugar. Pero es interesante destacar que Punta Gorda si figura en ese momento en distintos documentos, pero relacionado al punto geográfico y no a sus posibles habitantes.
Recién en 1812, al fallar en su misión las Baterías "Libertad" e "Independencia" de frenar que una escuadrilla realista remontara el Paraná, hizo que para fines de julio fueran levantadas, llevándose parte de sus elementos para construir baterías en Punta Gorda y Santa Fe por decisión del Triunvirato, quien ordenó al coronel Monasterio el reconocimiento del Paso del Rey o de la Manga con el fin de instalarlas y así impedir ese posible intento de paso, permitiendo además asegurar las comunicaciones y el comercio con el Paraguay.
En Paso del Rey, sin haberse concretado la construcción de la batería, el coronel Monasterio recibió la orden de regresar a Buenos Aires, donde lo encontramos el 22 de julio, fundiendo la primera pieza de artillería con destino al sitio de Montevideo, en la fábrica que se instaló para ese fin, quedando el capitán de Artillería don Manuel Herrera a cargo de proseguir las obras y se designó como comandante Militar de las Baterías al Teniente coronel del Regimiento Nº 2 de Infantería don José León Domínguez. También fue enviado el Barón de Holmberg a realizar un nuevo reconocimiento y allí se decidió cambiar la ubicación del emplazamiento, conviniéndose en levantarlas en Punta Gorda, por entender que era un mejor punto estratégico y ofrecer mayores posibilidades de defensa en caso que fueran atacadas.
Este hecho produjo que por primera vez Punta Gorda estuviera habitado transitoriamente por más de 300 soldados, lo que sirvió para que se acercara gente de los otros puntos al encontrar la posibilidad de surtirse de elementos que estas tropas tenían y a la vez, intercambiar alimentos y otros menesteres que los soldados necesitaban.
De hecho, por una cuestión de razonamiento, estos habitantes no levantaron sus viviendas cerca de las baterías, sino un poco más arriba y alejadas del lugar donde podía concretarse un encuentro armado y allí se mantuvieron al retirarse estas tropas.
Posteriormente, en distintos momentos se produjeron acantonamientos de tropas, motivando que estos habitantes permanecieran en el lugar y que comenzara más frecuentemente a ser utilizado el puerto natural que poseía, llegando a ser tan importante en ese momento el movimiento, que a partir de 1830 se designara un Comisionado, que para apreciar el concepto de su misión, basta observar que en los oficios que se le enviaban, era tratado como "el encargado del celo de la costa", teniendo en cuenta que eran muy cuidadosos en que se pagara el correspondiente impuesto de las mercaderías que entraban y salían, y más si se trataban de animales.
La llegada de Echagüe al gobierno de la provincia, produjo entre otros dos hechos: uno fue darle forma jurídica de pueblos a comunidades que existían de hecho, como el caso de Punta Gorda, otra, el asentamiento de un grupo guaraníes en el lugar, sumándose a las familias residentes, la mayoría de ellas de los integrantes de las milicias destacadas allí, lo que hicieron llegar a una cantidad de habitantes aproximada a los trescientos, hablándose en 1832 de la formación del pueblo, pero diversas circunstancias hicieron que fuera dejada de lado la idea y para lo que habría que esperar unos años más tarde.
Estos naturales misioneros que llegaron a Punta Gorda, cuyos pormenores comentaré en un próximo trabajo, fueron ubicados en una zona que comprendió un espacio delimitado por las actuales calles Alem, 3 de Febrero, 9 de Julio e Yrigoyen, llegando a través del tiempo a disponer de solares entregados por las autoridades, que fueron oficializados a través del plano realizado por el agrimensor André, autor del primer levantamiento topográfico del lugar, y por los que más adelante pagaron impuestos de contribución directa, como en 1885 en el caso de Marcelina Aratí, rescatada como la última sobreviviente de esos aborígenes, en la manzana lindante al Oeste de la Plaza "9 de Julio".
El 1º de enero de 1836 Echagüe prestó juramento para un nuevo bienio como Gobernador de la Provincia: el tercero de su continuada gestión. Al mes siguiente, el Gobernador remitió a la Sala de Representantes un proyecto de Ley sobre la fundación de un pueblo en Punta Gorda, el que fue tratado y aceptado, sancionándose como Ley el 27, siendo promulgada el 1º de marzo.
En su artículo Art. 2º, se expresaba que "La área de su planta comprenderá diez cuadras sobre la ribera del río Paraná, cuyas corrientes se tomarán para darle los rumbos principales a su traza"; y manifestaba además en el Art. 4º: "La plaza tendrá doscientas varas por frentes, las cuadras ochenta y las calles catorce de ancho". El primer párrafo lleva a pensar que fue ubicado sobre la costa, pero el que da luz sobre el hecho es el valioso testimonio dejado por don Martín Ruiz Moreno, en su trabajo "La Provincia de Entre Ríos y sus Leyes sobre Tierras - Tomo II", publicado en 1897 en el momento que organizaba y era el director del Archivo General de la Provincia, que expresaba "La primera población del Diamante se estableció a distancia de doce cuadras del río". Si tomamos un plano y contamos las cuadras, coincide con lo comentado.
Esta afirmación es relevante tenerla en cuenta, ya que junto a su familia –su padre fue Comandante Militar en el lugar en 1846, es decir a los diez años de fundado el pueblo- residió allí y tuvo indudablemente acceso al concepto que nos ocupa.
Y al hablar de la plaza, me inclino con total convicción por la idea que la traza del incipiente pueblo y el primer núcleo poblacional, aparte de los misioneros, tiene que ver con la ubicación del hoy centro cívico, a pesar de no coincidir la plaza con sus actuales medidas. En todo momento y al hablar de ella se refirieron al de la hoy denominada “San Martín”, considerada en los primeros tiempos como la “plaza principal”. Al realizar a partir de 1848 las primeras obras públicas importantes como el templo y la escuela, se menciona que se hicieron en ella, cuestión que nos permite considerar que la manzana ocupada hoy por la Jefatura de Policía y la Iglesia, formaron parte de la misma. Además no se encuentran elementos que permitan suponer otra ubicación.
A pesar de ser un tema al que se le puede sumar mucho material que ayude a armar el concepto al que tratamos de arribar, debemos tener en cuenta detalles como que el Ejército Grande utilizó como zona de vivac la franja libre entre el pueblo y la costa.
Anteriormente, en 1840, luego de Sauce Grande, el general Lavalle abordó con sus tropas la flotilla francesa que lo estaba esperando en Punta Gorda. Un testigo estuvo allí y dejó en sus memorias un relato que agrega otros elementos al tema: el general Paz, quién escribió en cuanto a la característica del lugar, de la existencia "de senderos estrechos que conducen desde las lomas al embarcadero de Punta Gorda", dejando traslucir en su relato que el pueblo y el puerto estaban separados. Pero lo más interesante de este momento, es que otro protagonista del suceso, el coronel Corvalán nos dejó un interesante croquis de la posición de los beligerantes -rescatado por el historiador Benigno Martínez- la situación del pueblo y que creo que sirve para ilustrarnos, pues nítidamente marcó en la parte central de él, las elevaciones del terreno.
La ocupación del barrio "San Martín" y Puerto Viejo comenzó a darse hacia 1870, como se observa en las concesiones de solares dictaminados por los Comandantes Militares, mientras que una década más tarde, la zona del actual puerto Nuevo.
La “segunda fundación”de Diamante
Fundada Diamante el 27 de febrero de 1836, no significó esta medida nada más que la decisión del gobernador Pascual Echagüe de concederle la figura jurídica de pueblo a una localidad que existía de hecho.
No hubo ningún cambio para estos pobladores que habitaban Punta Gorda que les modificara la realidad en que vivían. No se creó ninguna institución que organizara el pueblo, sólo se procedió a nombrar un comisionado más antiguo en jerarquía: el capitán Antonio Muñoz, que reemplazó al anterior alférez Marcos Cuellos, que permaneció como segundo Jefe de la compañía de milicias destacada en el lugar, que estaban más ocupados en “cuidar el celo de la costa” y además, junto a la mayoría de los diamantinos varones, en participar en cuanta campaña acompañara los avatares políticos y militares del momento.
La situación de Echagüe se fue agravando, producto de la desastrosa campaña realizada en la Banda Oriental, el enfrentamiento con Lavalle en 1840, embarcando este último justamente en Diamante en la flota francesa que lo esperaba, y finalmente con la derrota en Caa-Guazú el 28 de noviembre de 1841 en manos del general José María Paz, que se había hecho cargo del ejército correntino, donde quedaron 900 muertos y más de 1.000 prisioneros. Entre las víctimas se encontraron varios integrantes de las fuerzas diamantinas, incluso el teniente Marcos Cuello.
Reemplazado Echagüe por Urquiza en el gobierno provincial, éste debió enfrentar a Paz por un lado y a Fructuosos Rivera que operaba desde la Banda Oriental, llegando el primero a tomar Paraná haciéndose nombrar Gobernador.
Urquiza efectuó una retirada estratégica hacia la Isla del Tonelero, desde donde comenzó a revertir la situación. Toda esto repercutió gravosamente en Diamante, donde la población quedó diezmada, desamparada y en extrema pobreza. No había autoridades y los problemas eran muchos por este permanente estado de guerra.
Recién en 1848, momento que Urquiza, habiendo superado esos tiempos tormentosos y comenzando su notable plan de gobierno en todos los órdenes, prestó atención a lo estratégico de este punto y decidió su organización, teniendo en cuanta para ello convocar a gente de confianza y de su entorno, que pudieran en poco tiempo cumplir con ese objetivo.

El 4 de julio de ese año, mediante una serie de decretos, creó la comandancia militar del Diamante, nombrando al Tcnl Luis Hernández como su titular y que en la práctica fue el que llevó adelante todas las acciones que permitirían cumplir con sus ideas.
Abrió también sus puertas la Receptoría de Rentas, siendo designado receptor don Manuel Agulla, para que se encargara de todo lo relacionado con actividades aduaneras, de correos, pago a los funcionarios y administración de las obras públicas que se comenzaron a realizar.
El nombramiento del capitán de caballería Martín José Ruiz Moreno como Capitán del Puerto y Cabo de Rentas, coincidió con el decreto de la habilitación oficial del puerto, que quedó dispuesto para la introducción y extracción de productos.
Al año siguiente, nuevas medidas beneficiaron a Diamante, pues en abril se creó el departamento con el mismo nombre, con la finalidad primaria de una mejor administración de la justicia, nombrándose a don Antonio Ríos como Juez de Paz, como así a los alcaldes de los distintos distritos.
Al mismo tiempo se comenzó con la construcción del templo, que quedaría terminado en 1851, siendo consagrado como el primer cura en establecerse aquí, el P. Esteban Solari.
Se procedió a la organización de la Comisión Inspectora de la Escuela de Primeras Letras, quien se encargó de la construcción del primer local para su funcionamiento y la designación de su maestro: don Valentín Zamora.

Así, en poco tiempo, el pueblo del Diamante se convirtió en una pujante localidad, que atrajo a nuevos habitantes, se abrieron casas comerciales, se instalaron pequeñas industrias, se subsidiaron hornos de ladrillos, la gente comenzó a dedicarle mayores esfuerzos a la agricultura, que permitió convertirse en villa al superar los 500 habitantes.
De esta manera se produjo este importante cambio en la situación, que podemos definirla como su segunda fundación y que nos permite definir que si el general Pascual Echagüe fue nuestro fundador, el general Justo José de Urquiza fue nuestro organizador.
Fundación de la ciudad de Diamante
"El Diamante ocupa uno de los lugares más pintorescos de la ribera del río Paraná; por eso se le cambió el nombre de Punta Gorda por Diamante". Con esta frase dejó plasmado su testimonio el doctor Martín Ruiz Moreno, organizador y Director del Archivo General de la Provincia en una de sus etapas al final del siglo IX, en su obra publicada en 1897 “La Provincia de Entre Ríos y sus Leyes sobre Tierras”.
La importancia de tal aseveración debe ser considerada a partir de que el nombrado vivió su infancia en Diamante, su padre, Cap. Martín José Ruiz Moreno, fue integrante de las milicias y Comandante interino en el lugar y posteriormente primer Capitán de Puerto en 1848, lo que le da un carácter testimonial, pues residió y trató a la gente que vivió el gran momento y por lo tanto manejó dicho concepto.
La importancia de tal aseveración debe ser considerada a partir de que el nombrado vivió su infancia en Diamante, su padre, Cap. Martín José Ruiz Moreno, fue integrante de las milicias y Comandante interino en el lugar y posteriormente primer Capitán de Puerto en 1848, lo que le da un carácter testimonial, pues residió y trató a la gente que vivió el gran momento y por lo tanto manejó dicho concepto.
Con esta denominación, el gobernador Pascual Echagüe definía en su proyecto remitido a la Sala de Representantes, la fundación de un pueblo que ya existía de hecho, como el mismo admitía al decir: “Se designa la localidad de Punta Gorda para la fundación de un pueblo”, entendiéndose por definición que una localidad es una concentración espacial de edificios conectados entre sí por calles, es decir que en realidad apuntaba a darle una figura jurídica a ese punto.
Este proyecto fue tratado y aceptado en la sesión del 15 de la Legislatura, decidiéndose que pasara a Comisión para su estudio y nombrándose al Representante Comas para ello. El día 22, se leyó el parecer de la Comisión sobre el proyecto y fue puesto a consideración, admitiéndose en general.
En particular, los artículos fueron estudiados y discutidos el 26. Según el diario de sesiones, el 1º fue aprobado tal cual estaba en el proyecto: “Se designa la localidad de Punta Gorda, terreno de propiedad del Estado, para la fundación de un pueblo que en adelante se llamará el Diamante, bajo la protección de San Francisco Xavier”.
Con los siguientes se hicieron varias observaciones, modificándose detalles relacionados a los solares y med
Art. 2º: La área de su planta comprenderá diez cuadras sobre la ribera del río Paraná, cuyas corrientes se tomarán para darle los rumbos principales a su traza.
Art. 3º: Fuera de esa extensión, se le designa media legua de circunferencia de baldíos para chacras, y otra media de pastos comunes, entendiéndose que ésta no avanzará para enterarse más allá de los puntos en que el terreno se corte por algún riacho.
Art. 4º: La plaza tendrá doscientas varas por frentes, las cuadras ochenta y las calles catorce de ancho.
Art. 5º: Las manzanas se dividirán en cuatro solares de cuarenta varas.
Art. 6º: Tendrán opción para tomar sitios cuando los pidieren en forma, luego que se haya practicado la demarcación del pueblo, sujetándose los interesados a las condiciones que se les impusieren por el Gobierno, ante quien presentarán sus solicitudes.
Art. 7º: Comuníquese al Gobierno para su ejecución y efectos consiguientes.
Sala de Sesiones en el Paraná, 27 de febrero de 1836.
José María Uzín - Presidente - Celedonio J. del Castillo - Secretario Interino".
El 1º de marzo Echagüe la promulgó, firmando junto a él, su ministro Evaristo Carriego, con la leyenda "cúmplase la antecedente Ley, publíquese, circúlese a quienes corresponda y fíjense copias en los lugares de costumbre”.
Con fecha 11, el mismo Ministro comunicó al Capitán Antonio Muñoz que lo
nombraba Encargado del Pueblo, en reemplazo de Marcos Cuello -que estaba desde 1832- , acto que debía llevarse con la reunión del vecindario el primer día festivo, quedando este último como segundo jefe de la compañía de milicias acantonada en el lugar.
Al otro día, Carriego escribió a la Sala de Representantes que habiéndose sancionado esa Ley, se hacía indispensable contratar un ingeniero para delinear la planta del pueblo, el área necesaria para chacras y pastos comunes. Para esta tarea, fue nombrado el ingeniero agrimensor Juan Bautista André, quién realizó el primer mapa y amojonamiento del lugar.
En la práctica nada cambió en la vida que llevaba el caserío luego de este acto de fundación. Oficialmente no se aprecia en la documentación existente hechos que lleven a pensar en un progreso de su situación. Se trataba de casas de adobes con techos pajizos, no había calles arregladas ni iluminación y ningún tipo de servicios públicos. No se creó ninguna institución que organizara su vida cívica, cuestión que sucedería recién en 1848 de las manos del general Urquiza.
Al otro día, Carriego escribió a la Sala de Representantes que habiéndose sancionado esa Ley, se hacía indispensable contratar un ingeniero para delinear la planta del pueblo, el área necesaria para chacras y pastos comunes. Para esta tarea, fue nombrado el ingeniero agrimensor Juan Bautista André, quién realizó el primer mapa y amojonamiento del lugar.
En la práctica nada cambió en la vida que llevaba el caserío luego de este acto de fundación. Oficialmente no se aprecia en la documentación existente hechos que lleven a pensar en un progreso de su situación. Se trataba de casas de adobes con techos pajizos, no había calles arregladas ni iluminación y ningún tipo de servicios públicos. No se creó ninguna institución que organizara su vida cívica, cuestión que sucedería recién en 1848 de las manos del general Urquiza.
BREVE RESEÑA HISTORICA DE DIAMANTE
Esta ciudad, que ocupa una de las regiones más pintoresca de la provincia de Entre Ríos, llevando en 1851 al “Boletinero del Ejército Grande”, don Domingo F. Sarmiento, a escribir en el Boletín Nº 3, momento del cruce del río Paraná hacia la Batalla de Caseros: “la Villa del Diamante ocupa uno de los sitios más bellos del mundo”, está ubicada en uno de los lugares tomados como referencia geográfica desde el siglo XVIII por cualquier navegante, expedicionario o guerrero: Punta Gorda, cuya costa permitía servir como puerto natural, el río surtía de excelente pesca, sus montes proveían de leña y la posibilidad de caza, lo que atrajo una corriente colonizadora, principalmente desde el Oeste, formándose los primeros asentamientos en la zona.
Un antecedente militar sirvió para hacerlo más conocido, al ser instaladas en 1812 por orden del Triunvirato, tres Baterías que se denominaron justamente “de Punta Gorda”, con el propósito de evitar el paso de una escuadrilla realista que remontara el Paraná y cuyo objetivo era asolar las costas, siendo construidas entre diciembre de 1812 y abril del año siguiente, llegando a disponer de más de trescientos soldados acantonados en ellas. La batalla de San Lorenzo quitó la posibilidad de que entraran en acción, por lo que fueron desactivadas.
A partir de allí, Punta Gorda fue en varios momentos tenida en cuenta para operaciones militares por lo estratégico del punto, además con motivo de la crisis que se produjo en el litoral, el lugar fue visitado en reiteradas oportunidades por los barcos que conducían tropas, posibilitando también el cruce desde y hacia la provincia de Santa Fe, principalmente por el lugar denominado “Paso del Rey”, zona de asiento del hoy Parque Naciona Pre-Delta.
Durante la gobernación de Pascual Echagüe, en 1832 se trasladaron familias de guaraníes de la zona de Mandisoví, que se sumaron a los habitantes lugareños y estuvo a punto de fundarse un pueblo, pero recién el 27 de febrero de 1836, cuando la Honorable Representación Provincial aprobó la correspondiente Ley y el nombrado primer mandatario provincial la promulgó el 1º de marzo, se fundó denominándolo “El Diamante” bajo la protección de San Francisco Xavier.
La elección del nombre de la nueva localidad no se conoce con certeza, al no encontrarse hasta ahora el fundamento de su origen, pero de las dos o tres teorías sobre ello, podemos tomar como muy valedera, lo que escribió el doctor Martín Ruiz Moreno en 1897, en ese momento Director del Archivo General de la Provincia, en su trabajo “La Provincia de Entre Ríos y sus Leyes sobre Tierras”, quien luego de estudiar detenidamente toda la documentación oficial, manifestó: “El Diamante ocupa uno de los lugares más pintorescos sobre la ribera del río Paraná; por eso se le cambió el nombre de Punta Gorda por Diamante”.
A partir de allí, el nuevo poblado estuvo gobernado por un Comisionado Militar, que se dedicaba casi exclusivamente a los temas militares que signaba la época, motivando que nada cambiara en la fisonomía del lugar. La llegada del general Urquiza al gobierno provincial y el término de algunas de sus campañas, permitió que a partir de 1848 volcara sus ojos en promover las primeras instituciones diamantinas: organizó la Comandancia Militar, nombrando a Luis Hernández como su titular, habilitó el puerto nombrando su primer Capitán: Martín José Ruiz Moreno, abrió sus puertas la Receptoría de Rentas, designándose como Receptor a Manuel Agulla.
Al organizarse la administración de la Justicia en la Provincia al año siguiente, se creó el departamento Diamante, tomando la forma que más o menos hoy tiene y siendo puesto en funciones como Juez de Paz, don Antonio Ríos. En poco tiempo se comenzó la construcción del templo, realizado bajo la advocación de San Cipriano y que curiosamente, desconociéndose el patrono fundacional, se tomó a éste como tal a partir de ese momento. Se nombró en 1850 el primer Cura Párroco: el Pbro. Esteban Solari; se formó en 1851 la Comisión Escolar del Departamento, que se encargó de hacer funcionar la Escuela de Primeras Letras, que en su proyección es la hoy N° 1 “Independencia”, poniendo a su frente al maestro Valentín Zamora.
Punta Gorda, lugar por donde el general Ramírez cruzó con sus tropas en 1819, al emprender su campaña contra el Directorio y que posteriormente en 1821, lo efectuó con su ejército para llegar a Coronda y enfrentar a las tropas de López, Lamadrid y Dorrego, volvía a ser a fines de ese 1851, testigo de unos de los episodios más espectaculares de la historia nacional: el pasaje del Ejército Grande comandado por Urquiza rumbo a Caseros.
Gradualmente Diamante fue creciendo, sus ricas tierras cobijaron la llegada de los primeros inmigrantes, nacieron industrias, el comercio comenzó a tener cada vez mayor actividad, el puerto recibía barcos de ultramar, nuevos y elegantes edificios se construyeron.
En enero de 1873 se organizó la Corporación Municipal, que funcionó hasta el 1º de mayo, cuando a causa de la revolución jordanista fue disuelta. Se reorganizó en 1877, continuando a partir de ese momento hasta el presente administrando los destinos de la ciudad. El Honorable Concejo Deliberante, como parte de los cambios en la Constitución Provincial, comenzó a funcionar en 1885. Ambos cuerpos tuvieron su casa propia en 1885, para en 1926 dar lugar en el mismo solar al actual Palacio Municipal, majestuoso edificio que al año siguiente recibió el adorno de un gran reloj, que tadavía continúa dando la hora a los diamantinos.
A fines de siglo aparecieron las primeras instituciones sociales y culturales, siendo la primera la Biblioteca Popular Diamante en 1880, la Sociedad Italiana de SS.MM. en 1885 y la Sociedad Española de SS.MM. en 1899, las que siguen vigentes. También en esa etapa abrieron sus puertas nuevas escuelas, como las hoy Nº 2 “Manuel Alberti” en 1892 y la Nº 3 “Alvarez de Arenales” en 1895, mientras que en 1899 comenzó su actividad el Colegio “Santa María”, que posteriormente, al sumársele la Escuela Normal, fue el crisol de formación de numerosas promociones de maestros. En 1885 se formó la Sociedad de Beneficencia, cuya obra permitió disponer a la comunidad del primer hospital, que luego de sus transformaciones es el hoy “25 de Mayo”.
En 1907 se instaló en Diamante el Regimiento 3 de Artillería, construyéndose espaciosas instalaciones, que al ser desactivado en la década del ‘60, pasaron a ser utilizadas por la Colonia de Rehabilitación Mental. Entre 1910 a 1917 se llevó a cabo la instalación del Ferrocarril, que operaba en la zona portuaria con cargas y pasajeros, que sumado a la actividad marítima y agrícola-industrial, permitió una época floreciente para el pueblo. Se abrieron comercios y Bancos, como la sucursal del Banco de la Nación Argentina en 1892. En 1936 se pavimentó el radio céntrico y el acceso al puerto, aparecieron nuevos establecimientos educacionales, como la Escuela de Artes y Oficios, hoy Escuela de Educación Técnica Nº 1, mientras que en 1948 abrió sus puertas el actual Colegio Mixto “Dr. Carlos L. Vergara”, ambos de enseñanza media. Posteriormente en 1987, lo hizo el Instituto Superior de Diamante, de formación terciaria.
En su aspecto productivo, el puerto vio nacer instalaciones para la carga de los numerosos buques que operan en el mismo, entre ellas en 1970 los silos y muelle destinado a la ex Junta Nacional de Granos, en manos de una empresa privada desde 1992.
Pero a la vez, la costa del río Paraná y su afluente La Ensenada dieron lugar a espacios de recreación como el Círculo Náutico Diamante y el Balneario Municipal “Valle de la Ensenada”, sede este último cada año del Motoencuentro Internacional “En dos ruedas”; y no podemos dejar de nombrar el predio considerado el escenario mayor de Entre Ríos, que da vida cada enero desde 1972 al Festival Nacional de Jineteada y Folclore: el Campo “Martín Fierro”, enclavado en un espectacular lugar con marco de barrancas y río.
Durante 1996, con la aprobación del Arzobispo, se realizó el 1º de diciembre la proclamación eclesial de San Francisco Javier como 2º Patrono de Diamante, restituyéndolo de esta manera junto a San Cipriano a ese sitial.
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