jueves, 11 de junio de 2009

SABA Z. HERNANDEZ Y SU ACTUACION EN FAVOR DE DIAMANTE


Publicado en:
Periódico El Supremo Nº 856 - 19-03-2002

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El 11 de marzo se cumplió otro aniversario del nacimiento de uno de los diamantinos que sobresalió por su actuación pública: el Dr. Sabá Z. Hernández, de quién mucho se ha escrito, principalmente en la faz política, pues ha dado suficientes motivos para su estudio por parte de los historiadores de su novelesca vida. La intención de este trabajo está orientada a rescatar algunos datos que han sido muy poco divulgados, que tienen que ver con sus acciones que favorecieron a su pueblo natal y la defensa de los intereses locales, a pesar que en otras cuestiones así como tuvo muchos seguidores, también tuvo detractores.

Hijo menor del matrimonio que conformaron quién fuera Comandante Militar de Diamante, el coronel Luis Hernández y su esposa, María Cecilia Bergara, nació en 1856, siendo atendida su madre en la ocasión por el doctor Pedro Serrano, que estaba muy unido por lazos afectivos a la familia.

Fue bautizado en el templo "San Cipriano" el 3 de abril por el Pbro. Francisco Matheu, a cargo en ese momento del mismo, siendo el padrino nada menos que el Brigadier Juan Pablo "Mascarilla" López. Curiosamente, en el acta de Bautismo que escribió el citado Cura, no figura un segundo nombre, por lo que la Z que siempre se incluyó no quedó registrada. Algunos autores refieren para ella el nombre de Zacarías.

En ese momento, su padre había superado los problemas que lo enfrentaron al general Urquiza y que lo habían mantenido en prisión, y cumplía la decisión de retirarse transitoriamente a su establecimiento rural, lindante a la Ensenada, pues en junio regresaría a Santa Fe, retornando a la actividad política, nuevamente al lado de su tío, el general López, e interviniendo en los sucesos de julio donde sería depuesto el gobernador Cullen, quedando López provisoriamente en el cargo. Este nombró a Hernández como su hombre de confianza en Rosario para que atienda sus intereses en esa ciudad. En agosto sería rehabilitado públicamente por Urquiza, que ocupaba la presidencia de la Confederación, ascendiéndolo al grado de Coronel de Caballería; pero su salud totalmente disminuida, hizo que el 11 de setiembre falleciera inesperadamente. El historiador Ruiz Moreno cita, que según la tradición familiar, se produjo inmediatamente después de un baño en el río Paraná.

De esta manera, Sabá quedaba sin su padre y su madre se apoyó en la familia. Esto hizo que sus estudios primarios los llevara a cabo en Paraná, continuó el secundario y se graduó de Abogado en Santa Fe.

Apenas recibido fue Juez de 1ª Instancia en lo Civil y Comercial de Paraná. Se pronunció en favor de López Jordán y apoyó la revolución de mayo de 1873. En realidad, esto tiene mucho que ver con la amistad que tuvo su padre con el caudillo, lo mismo que con Antonio Hernández, primo de Luis, quién era uno de los principales agentes en Diamante, liderando la revolución y haciéndose cargo de la comandancia diamantina. Esto le valió el ataque de varios medios periodísticos, como la del Diario "El Demócrata", editado en Concepción del Uruguay, que en su Nº 249 lo enjuiciaba, expresando "Este Juez es el Dr. Hernández del Paraná, contra quién en unas de las últimas sesiones de la Cámara, se levantó la voz enérgica de varios Diputados, buscando en el templo de la Ley un remedio para evitar el verdadero azote que pesa sobre las importantes poblaciones que están bajo su jurisdicción" y luego en otro párrafo continuaba "porque el Juez Hernández es jordanista, es el jefe del partido retrógrado en el Paraná, es el apóstol del credo del trapo de color y del personalismo odioso", acusaciones que él enfrentó.

Sin embargo, esta posición tomaría un giro inesperado, cuando en setiembre de 1873, el Dr. Sabá Hernández presentó un escrito acusando a Dn. Ricardo López Jordán por varios crímenes. Esto tenía que ver con lo ocurrido en la estancia del general Juan Pablo López en el Doll, donde se encontraba su hermano mayor, Luis Hernández (homónimo y primogénito del ex comandante de Diamante), venido hacía dos días desde Rosario, Juan Vázquez, capataz del establecimiento, Bernardino Giménez, peón del mismo y Juan Rocha, vecino de la ciudad de Victoria y accidentalmente en dicha estancia, como una de las tantas veces vieron llegar a las casas una partida armada de las fuerzas del caudillo rebelde al mando del Mayor Carlos Broin, quién dirigiéndose al general López le intimó de orden de López Jordán le entregase todos los hombres que tuviese en la casa y especialmente uno que había llegado desde el Rosario –este era Luis Hernández- Una orden semejante sorprendió sobremanera a López y a las personas que lo acompañaban, pues jamás habían sido molestados durante la rebelión, ni por las fuerzas legales ni por los rebeldes, y si el general López tenía algunos hombres en su casa estaba para ello autorizado por unos y por otros, que veían en él un hombre pacífico, completamente ajeno a las cuestiones políticas que se agitaban en la Provincia, sin embargo, dieron inmediatamente cumplimiento a la arbitraria orden.

Estos se pusieron a disposición de Broin y se le requirió a Hernández su pasaporte, elemento que no tenía, pero propuso presentarle documentos que justifican el objeto de su venida, pero igualmente fue detenido, siendo conducidos a Victoria junto a otros dos por la misma fuerza. A los tres días fueron llevados al campamento de López Jordán. Luis Hernández, ese día antes de partir escribió una carta al general López, recomendándole a sus hijos y a sus hermanos, residentes en la provincia de Santa Fe, sin presentir su desgraciado fin. Luego se enteraron del fusilamiento de los tres a través de unos desertores, que dieron aviso al general López y lo invitaban ponerse a salvo, pues ese suceso era un precedente que no se debía despreciar. Realmente estaban en lo cierto, pues en unos días, la casa de la estancia fue rodeada y allanada por una partida al mando de un tal Miño, venido especialmente desde el campamento de López Jordán, para registrarla y comentando que traía la orden para degollarlos en el patio de la casa, mostrando la orden por escrito de cual venían munidos.

Estas graves acusaciones valieron el proceso contra López Jordán y el eterno distanciamiento de Sabá y el caudillo.

Pasado un tiempo y ya dedicado de lleno a la política, ocupó la banca de Diputado Provincial. Durante 1883 fue Convencional Constituyente y en las elecciones para senadores del 4 de noviembre de 1883 salió electo por Diamante.

Hasta 1888 ocupó durante dos años la banca de Diputado Nacional, a la que renunció al ser designado Ministro de Gobierno por el General Racedo.

El 25 de octubre del año anterior se trató en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional el Proyecto de la construcción de un muelle en el Diamante, en referencia a la propuesta de los señores Gigena y Aguirre, que solicitaban construirlo y explotarlo, discutiéndose en general el mismo.

Este muelle era de suma necesidad, pues las colonias del Diamante se desarrollaban de una manera extraordinaria, al extremo que en ese año se habían cosechado más de 300 mil fanegas de trigo.

Ante el cariz que tomaba el debate, que normalmente terminaba en diluirse las aspiraciones diamantinas, intervino Hernández expresando: “Este puerto del Diamante ha preocupado al Poder Ejecutivo desde hace ocho años, entiendo que hasta ahora han hecho viajar tres o cuatro veces a los ingenieros del Departamento para hacer estudios, han proyectado puertos por todas partes, pero hasta ahora no hay muelle en el Diamante”.

Hubo marcha y contramarchas en el tema y hasta una Ley por medio (la Nº 2249) en la idea, como decía el diario paranaense "El Constitucional": "es preciso convencerse que es sin disputa el mejor de Entre Ríos de la costa del Paraná. En toda época del año pueden llegar y atracar a una simple planchada vapores y buques de ultramar desde 18 a 22 pies de calado".

Pasarían varios años, las gestiones continuaban y siempre era don Sabá el receptor de todas las inquietudes, como cuando en 1894, el presidente de la comisión de puentes y caminos, don Antonio Taquela, le requería al en ese momento gobernador Hernández: "Aparte de la vía férrea que con tanta urgencia reclama el tráfico público, observamos que será probablemente un hecho la construcción de un muelle en nuestro puerto", agregando en otro párrafo: “Nos permitimos rogarle quiera activar lo más posible los trabajos para la más pronta construcción de nuestro muelle a fin de poder utilizarlo en la próxima cosecha".

Mucho tuvo que ver con la idea de instalar la Escuela Naval en Diamante, aprovechando sus vinculaciones, principalmente con el general Racedo. Así fue que incluso llegó a pretender donar una porción de su quinta lindante a la Ensenada, que formaba parte de los terrenos que se necesitaban para el referido Instituto.

En plena formación de la Sociedad de Beneficencia, intervino en favor de obtener la propiedad fiscal, antigua residencia del doctor Serrano, para la construcción de un hospital de caridad, lográndose el 27 de noviembre de 1887 la inauguración del mismo (el edificio demolido de la familia Farall sobre calle Urquiza), en cuya ceremonia fueron padrinos el gobernador Racedo y la esposa de Sabá, Dña. Luisa Otero de Hernández, en reconocimiento por el logro.

En mayo de 1889 se incorporó al Senado Nacional, desde donde fue convocado como Ministro por el gobernador Basavilbaso.

En este momento y en plena actividad proselitista y como una manera de tener el concepto del manejo de sus operaciones políticas, me pareció interesante dar a conocer una nota firmada por los dirigentes locales Antonino Miranda y Francisco Herrera, quienes le comentaban al entonces Ministro: "Señor de nuestro aprecio: Antes de entrar a ocuparnos del asunto que motiva la presente, le pedimos que nos disculpe por la molestia que vamos a darle.
De acuerdo con sus instrucciones dimos principio a los trabajos para las elecciones Municipales, los que han sido coronados por el más feliz éxito, dando por resultado que la reunión preparatoria fuese bastante numerosa como no lo esperábamos nosotros mismos, así es que todo ha ido perfectamente bien, pero en este momento acabamos de saber que Marcelino Rodríguez, viene con la pretensión de modificar la lista de Concejales la que fue confeccionada y proclamada ante una asamblea compuesta de lo mejor de este pueblo, los únicos que no asistieron a ella, fueron los hermanos Luxardo, del Corral y Oberlín, sin haber aceptado nuestra invitación. Nuestra opinión es que Marcelino Rodríguez responde a indicaciones de cierto circulito que pretendía hacer oposición y que viéndose perdidos quieren ni aunque sea llevar algunos individuos de los que le pertenecen como Concejales, y que sólo servirán para dar trabajo en la Municipalidad.
En vista de lo que dejamos expuesto, le pedimos haga valer su influencia con Rodríguez, pues esto puede ser un motivo de nuevas divisiones.
Para el domingo de la presente semana, tenemos preparado una carne con cuero y corrida de sortijas en el Ejido de esta ciudad, a la que asistirá también el Dr. Atencio y numerosos amigos de esta, allí continuaremos los trabajos, los que no dudamos nos dará un buen resultado si hemos de juzgar por el entusiasmo y decisión que se nota.
No olvide la carta de Vieyra para Luxardo y de la de Brugo para del Corral.
Esperando como siempre sus órdenes, nos complacemos en saludarlo y repetirnos de V. atentos y S.S.".

Cuando en julio de 1890 se convocó a elecciones para gobernador, se aprestaron las dos fracciones en que tan enconadamente se había dividido en la Provincia el Partido Autonomista Nacional. La Junta Directiva del oficialismo, ya en febrero había proclamado la fórmula Sabá Z. Hernández - Camilo Villagra, mientras que los racedistas, el 9 de abril proclamaron en Gualeguay la fórmula Eduardo Racedo - Miguel Laurencena.

En diciembre se llevaron a cabo los comicios que lo impusieron como Gobernador, mientras que en Diamante, realizadas el domingo 7, resultaron electos para Presidente de la Municipalidad don Antonio Hernández y para Concejales Antonino Miranda, Braulio del Corral, Crescencio Enrique, Manuel Alvarez y Casimiro Reyes.

Asumió como Gobernador el 15 de enero del año siguiente, contando sólo 35 años de edad, y como Vice, por fallecimiento del electo Villagra, don Faustino Parera.

Varias fueron las obras de su gobierno, rescatándose de las que tienen que ver con nuestro pueblo, las gestiones realizadas para la instalación de la Sucursal del Banco Nación.
También suscribió un decreto, que firmó junto con el ministro de gobierno Carbó, en el que decidió realizar un cuadro por intermedio del artista Emilio Caraffa que perpetuara el paso de Urquiza por Punta Gorda.

Para pintar el cuadro, se tuvo en cuenta los datos documentales del Boletín de Sarmiento en la Campaña del Ejército Grande; representando el paisaje de las barrancas de Punta Gorda y el camino que bajaba al Puerto Viejo de Diamante.

La obra se terminó en 1897 y se inauguró el 1º de mayo, haciendo uso de la palabra luego del gobernador (entonces Salvador Maciá), el Dr. Hernández, nombrado Presidente de la Comisión para tal efecto. Al presentarlo, estaba cubierto por una gran Bandera Argentina, donada por la Srta. Aurora Ramírez, hija del coronel Bernardino Ramírez, presente junto a su hermana Rosa.

Su mandato terminó en 1895.

En enero de 1895, el Presidente de la República ofreció la cartera del Interior al General Mitre, quien la rechazó. Ante esta situación le pidió a Pellegrini y a Roca que influyeran sobre el doctor Sabá Z. Hernández, que como vimos terminaba su gobernación para que aceptara, cuestión a la que también se negó, siendo finalmente nombrado don Eduardo Costa.

En marzo de 1898 encabezó la lista de los proclamados por el Partido Autonomista Nacional como candidatos a Diputado Nacional, junto a otro diamantino, el Dr. Teófilo García, que al presentarse en las elecciones, obtuvieron sus bancas.

El período que se estaba viviendo la provincia se caracterizó por la profunda crisis moral y política. El gobernador Maciá, quien tenía lazos de parentesco con Enrique Carbó y Leonidas Echagüe, fue acusado de monopolizar el poder. Esto produjo la reacción, primero del Vicegobernador Gigena, y luego de Sabá Hernández, que llegó a organizar la revuelta armada.

Los levantamientos de 1898 y de 1900, de los cuales mucho ya se ha escrito, lo tuvieron como protagonista y muestran como siempre se apoyó en sus contactos locales, como en el segundo, cuando los diamantinos, dirigidos por el doctor Malespina, Pujato, Soler y Chávez, tomaron la Jefatura de Policía y con el apoyo casi unánime de la población, organizan escuadrones de caballería, para unirse después a Hernández.

En los días siguientes, en Crespo, se concentran contingentes revolucionarios venidos de los departamentos vecinos y que han tomado prisioneros entre otros al Diputado Provincial por Diamante don Antonino Miranda y al doctor Miguel Mascaró (que por esas cosas de la política, por un tiempo fueron adversarios).

Ingresó nuevamente como Diputado Nacional en los períodos 1898/1902 y 1904/1908.

Al tratarse en el Congreso Nacional, la instalación de una línea ferroviaria entre Diamante y Curuzú Cuatiá, hizo una encendida defensa de la concreción del proyecto, de cuál era autor, que finalmente fue aprobado. Esto llevó a que el 27 de agosto de 1904, el escribano Mascaró le remitiera un telegrama a él y al otro legislador entrerriano, el diputado Leguizamón, expresándole: "Esta comuna no puede permanecer indiferente ante la magnitud del Proyecto del Ferrocarril de ésta a Curuzú Cuatiá, que en los actuales momentos se discute en la Honorable Cámara de Diputados, y en consecuencia envía a Uds. el más entusiasta aplauso por sus patrióticos esfuerzos en pro de los intereses de la Provincia, rogándoles a la vez sean Uds. intérpretes de esos sentimientos para con los demás colegas que los acompañan con la discusión favorable".

El resultado fue favorable y al año siguiente se comenzó con los estudios para su traza, nombrándose la comisión de ingenieros para practicarlos, tarea que fue terminada en un año. La obra comenzaría en 1910.

Otra preocupación tenían los diamantinos, y era que pasaban los años y no eran ocupados los terrenos que habían sido expropiados para la Escuela Naval. Nuevamente Mascaró realizó gestiones, en las que intervino activamente el Diputado Hernández, interesando al Ministro de Guerra Gral. Luis María Campos en traer una unidad militar, lográndose que se tuviera inmediatamente la previsión que los fondos necesarios fueran incluidos en la Ley de Construcciones Militares. Esta acertada medida, permitió que en 1907 llegara a instalarse el Regimiento 3 de Artillería.

Ocupó la banca de Diputado Nacional nuevamente en los períodos 1908/1912 y 1918/1922.

Falleció en Buenos Aires el 7 de agosto de 1932. A raíz de ello, se realizó el día 9 en el Honorable Concejo Deliberante diamantino, una sesión especial en la que se dispuso por Ordenanza, que a la entonces calle Paraná se la denominara en adelante Dr. Sabá Z. Hernández e invertir hasta la suma de $ 500 en la confección de una placa que se erigiría en la intersección de la misma con el Boulevard Colón y sobre la esquina S.E. , con la inscripción: “DR. SABA HERNANDEZ - Juez - Legislador - Ministro - Gobernador - Dip. Nacional - Autor del Proyecto de Ley del FF.CC. Diamante - Curuzú Cuatiá - Origen de la grandeza del Pueblo - 1856-1932".

DR. ALFREDO MATERI


Paraguayo de origen, nació en 1880. Llegó a Diamante como médico, siendo nombrado Director del Hospital en 1912. Dedicado a la política, en 1916 fue elegido Concejal, desempeñándose en ese momento como médico municipal y de la policía. Esto lo obligó a cesar en esos cargos, pero continuó prestando servicios gratuitamente en el Cuerpo Médico Escolar de Diamante. En 1919 fue Presidente del Consejo Escolar Departamental, creándose por su iniciativa el Parque Escolar. Entre 1921 y 1936 ejerció como médico de policía.
Visionario de la necesidad de la educación técnica en nuestra ciudad, fue autor en 1925 del proyecto de creación de una Escuela de Artes y Oficios, que luego serviría para interesar al gobierno nacional y habilitar la hoy E.E.T. Nro. 1.
En 1933 integró la Junta Consultiva que asesoró a la Municipalidad en el estudio del Proyecto de Ordenanza de Pavimentación, permitiendo que en 1936 se comenzaran los trabajos.
Como integrante del Honorable Concejo Deliberante, ocupó varios períodos como Concejal y en mucho de ellos como Presidente del cuerpo, llevándolo a quedar en reiteradas oportunidades como Presidente interino de la Municipalidad. Integró comisiones de distintas índoles, como la "Pro Reloj Municipal" que se encargó de la colecta popular y su adquisición. En la última sesión que participó en el Concejo, el 28 de diciembre de 1927, se le realizó un homenaje por haber estado en esos últimos 14 años en el cargo.
Falleció el 20 de agosto de 1949, siendo inhumados sus restos en el cementerio local.
En su homenaje, en setiembre de 1949 se dictó una Ordenanza designando con su nombre, a la en ese momento calle Santiago del Estero en toda su extensión.

EL TRAGICO FIN DE NUESTRO PRIMER JUEZ DE PAZ



La historia de hoy está dirigida a rescatar la figura de don Antonio Ríos. Este español, nacido en Galicia, casado con doña Nieves Gorvea, tuvo el honor de ser nombrado como el primer Juez de Paz de nuestra comunidad.

El año de su nacimiento deja lugar a dudas, pues en el censo realizado en 1849 en el pueblo y suburbios lo citan con 53 años, casado, labrador y propietario de una estancia, mientras que al fallecer en 1851, el P. Esteban Solari anotó en el acta de defunción que tenía 50 años. Es posible que el primer dato sea el acertado, ante la suposición que él dio la edad al ser censado.

No la he podido precisar su llegada a Diamante, pues no figura en el censo de 1844, encontrándoselo recién en un documento del año 1848 cuando vendió “una romana de cuarenta arrobas” a la Receptoría de Rentas.

Su nombramiento tuvo que ver con el Reglamento de Administración de Justicia que sancionó la Honorable Cámara de Representantes de la Provincia el 13 de abril de 1849, por el cual se fijó la Magistratura Judicial. En la Sección 2º se dio la división territorial de la Provincia, apareciendo por primera vez el departamento Diamante, mencionando en el punto 3º como “el territorio comprendido desde el Paracao, Paraná abajo hasta la barra del Dol, comprendiendo el pueblo y suburbios, y los distritos Salto Palmar, Costa Grande e Isletas”.

Luego en la Sección 3º se fijaban los Jueces Subalternos que debían haber en cada departamento, indicando en el punto 2º para Diamante: un Juez de Paz, un Alcalde de Barrio en el Pueblo y cuatro Alcaldes de Distrito en la Campaña.

Cumpliendo esto, por decreto del gobierno de la Provincia del 27 de julio se nombraron los Jueces de Paz en los pueblos de la misma, dándose a conocer los listados a través de su publicación en “El Federal Entre-Riano”, en su Nº 284, periódico del que todavía queda un ejemplar archivado celosamente en la Hemeroteca del Museo Martiniano Leguizamón, de la ciudad de Paraná.

Fue el momento que estaban naciendo las primeras instituciones de la Villa, a través de las órdenes del general Urquiza, que comenzaron con esas disposiciones del 4 de julio del año anterior al nombrarse como Comandante Militar a Luis Hernández, la habilitación del puerto para operaciones de importación y exportación y poner en funciones a su primer Capitán: don Martín José Ruiz Moreno, la apertura de la Receptoría de Rentas y la designación de su titular en la persona de Manuel Agulla, cuyos detalles desarrollé en varios trabajos desde “El Supremo”, principalmente en el titulado “Diamante entre 1848 y 1851”, publicado en los números 524 y 525 del mes de octubre de 1998.

Ríos no solo cumplió con su función, sino que dado su prestigio ocupó distintos cargos, algunos interinos como cuando Urquiza reclamó la presencia de Luis Hernández, al ordenarle “debe presentarse el día 10 en San José, dejando a cargo del puesto a la persona de su entera confianza don Antonio Ríos”.

Otro de mayor responsabilidad, fue cuando cumpliéndose en noviembre de 1849 el decreto del Gobierno de la Provincia, se hizo cargo de la presidencia de la Junta Inspectora de la Escuela de Primeras Letras de Diamante, acompañándolo como vocales los vecinos José Domingo Madolell, Benito Pujato y Manuel Agulla, organizando el funcionamiento del establecimiento.

Pero el tema de hoy tiene que ver con lo sucedido con esa planificación de llevar adelante la construcción de obras públicas, encomendándole Urquiza al comandante Hernández que "con motivo que en esta Villa se ha de construir un templo y algunos otros edificios públicos por cuenta del Estado, es conveniente vea el modo de conseguir algunos individuos inteligentes en hacer ladrillos siendo de probidad y teniendo buenas recomendaciones. No tienen como poner en planta algunos hornos y con preferencia se tomará ladrillo que necesite para las obras públicas al precio corriente". Inicialmente se pensaba traer gente de Victoria por sugerencia del gobernador, pero Hernández, dentro de su gran obra de promover el crecimiento de las actividades de producción de la Villa, informó que "el coronel Santiago Cardozo y el Alférez de la 5ª División don Gregorio Hernández han recibido del Estado dinero para formar sus fábricas, han construido un material superior y tiene alguna cantidad ya quemada y para tomarlo deseo me diga V. S. si debo tomar para el templo, comandancia u otro edificio para con arreglo a que sea descargado en el sitio que corresponde".

A raíz de ello sobrevino el problema con esa adquisición (ver “El litigio por los ladrillos del templo - El Supremo Nº 862 del 09-04-2002) y ante la posibilidad de que ocurrieran cuestiones semejantes, el ministro de gobierno general Miguel Galán a instancias del gobernador, mandó crear una comisión que se encargara de “Inspeccionar y correr con los pagos de la obra de la Iglesia Provisional”. Rápidamente se la integró con algunos de los caracterizados vecinos ya nombrados: Pujato, Madolell y también don Antonio Ríos, a quienes entre otras disposiciones, se les fijó que por la Caja de Hacienda de la Provincia se les proporcionaría los fondos que precisaran para la obra.

A partir del 20 de octubre de 1849 comenzaron a llevar el “Libro Registro de Gastos en la Obra de la Iglesia por parte de esta Comisión Administradora”, asentando meticulosamente semana a semana todos los detalles de ellos, recibiendo las primeras remesas de parte de la Receptoría de Rentas del Diamante cumpliendo las instrucciones del Ministro, y que tenía que ver al concluirse el 18 de cavar los cimientos, asentado piedras en ellos, por lo que pagaron la primera semana de trabajo al oficial y peones contratados, abonando además 38 pipas de agua traídas desde el río, 58 carradas de arena y al artesano Martiniano Martínez que realizó trabajos de herrería. Además en esos días se compraron seis palas de "fierro", útiles de cocinas, lienzo para bolsas, dos carretillas de mano, rejas para ventanas, etc.

La obra continuó avanzando y permitió que aunque no estuviera terminada, el 1º de junio de 1850 se nombrara como Presbítero Teniente de la Vice Parroquia de la Villa al sacerdote Esteban Solari.

En poco tiempo, Solari confió en buscar como colaborador a Ríos con el visto bueno del comandante Hernández, nombrándolo como mayordomo de fábrica de la Iglesia y encargado del cementerio (se llamaba mayordomo de fábrica a los encargados de llevar las cuentas de la iglesia).

El 1º de febrero, en la Relación Estadística correspondiente al mes de enero de 1851 del departamento Diamante, en el párrafo destinado a describir obras de Edificios Públicos, se expresaba: "El edificio de la Iglesia de esta población se concluyó el día 12 y está rindiendo el servicio a que fue destinado".

Pero a pesar de la prolijidad que trataba de imponer Ríos en su contabilidad, hubo un aparente faltante de dinero según las cuentas que llevaba de la obra, de lo indudablemente se sintió responsable, ya que él era el que cumplía el rol de tesorero de la Comisión, por lo que no sólo lo puso esa diferencia de su peculio personal, sino que lo llevó a la trágica determinación de quitarse la vida el 15 de febrero de 1851, hecho que quedó documentado en el acta que escribió en puño y letra el P. Solari en el folio 7 del Libro de Defunciones: “Falleció por haberse, como se cree, envenenado a sí mismo y no sin señales de penitencia, falleció a los 50 años. Testó ante Luis Hernández, Comandante Militar de este punto, por verdad firmo. P. Esteban Solari.

El 24 de marzo, Madolell y Pujato elevaron al contador general de la provincia Vicente del Castillo, los registros de los gastos de las 51 semanas que demandó la construcción del templo, con la inscripción: “Importa la presente cuenta la cantidad de tres mil quinientos cincuenta y siete pesos y un cuartillo reales según comprueban los documentos adjuntos, desde el uno hasta el Nº ciento treinta y seis, deduciendo, tres mil ciento cincuenta y un pesos, seis y medio cuartillo recibidos del Administrador de esta Aduana, según expresa los recibos de la comisión, desde el uno hasta el Nº veinte y cinco, más de treinta y ocho pesos, seis reales, importe de veinte fanegas de cal y doscientos mazos de paja, resulta un saldo a favor de la Caja de trescientos cincuenta y ocho pesos, tres y tres cuartillos, según resumen al final de esta cuenta demuestra las cantidades abonadas a cada uno de los Ramos de que se compone dicha obra y las existencias sobrantes”.

Revisadas estas, Del Castillo devolvió toda la documentación para que sea legalizada por el Receptor de Rentas y el Comandante Militar, lo que al ser concretado fue remitida nuevamente. De aquí surgió que el 1º de agosto, Vicente del Castillo expresara entre otras consideraciones, que “examinada y revisada por esta Contaduría General, cuya exactitud queda bastante bien comprobada, pues en ella solo se encuentran dos errores de poca consideración, reparables. El primero consta en el documento Nº 13 abonando al Maestro Santa Cruz, sesenta y un pesos siete y tres cuartillos reales, para pago de jornales en el lugar de sesenta y dos pesos siete y tres cuartillos reales; y el segundo documento Nº 118 por haber duplicado una partida de diez pesos abonados a don Matías Navarro, cuyo abono se había ya hecho en la cuenta del expresado Santa Cruz y consta en el documento Nº 66. Resulta pues que el saldo efectivo contra el Estado es de trescientos cuarenta y ocho pesos tres y tres cuartillos reales, de cuya cantidad abonando del susodicho Santa Cruz los once pesos que se le adeudan por error de cuenta, son a favor de la testamentaria del finado Don Antonio Ríos, que como tesorero de la Comisión suplió para dicha obra trescientos treinta y siete pesos tres y tres cuartillos reales, según consta por el informe que al respecto han dado los otros dos miembros en una nota fechada el 22 del corriente. Dignándose V.S. impartir en este sentido las órdenes correspondientes a aquella Administración de Rentas u a otra para que el desembolso sea más practicable puede V.S. prestar a la presente su superior aprobación”.

El 27 de agosto, el nuevo juez de paz nombrado en reemplazo de Ríos, don Diego García, le informó al receptor Agulla para debía pagar por la Caja a su cargo a la testamentaria del finado don Antonio, la cantidad de 337 pesos y 3 cuartillos reales que resultaron a favor luego de la revisación de las cuentas de la obra del templo.

De esa manera y luego de siete meses de su fallecimiento, la figura de Ríos quedaba libre de todo cargo, aunque su conciencia ciertamente no pudo superar las dudas que seguramente tuvo que afrontar, en una época que el mayor capital era la honradez y el honor. El homenaje a su imagen lo dejó también expresado el P. Solari, al agregar escuetamente en el acta de defunción: Cooperó a la fundación y adelanto de este nuevo pueblo.

El coronel Bernardino Ramírez


Publicado en:
Periódico El Supremo Nº 680 - 30-05-2000.

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Orientado con la pretensión de dar un poco más de luz a un período de nuestro pasado diamantino, en el cual todavía hay mucho para estudiar y conocer, desarrollaré en esta ocasión algunos detalles de la vida de un personaje, que en mayo de cada año recordamos su natalicio y que se trató de uno de los hombres que protagonizó a través de su actuación pública, sucesos importantes para la Provincia primero y luego para nuestro pueblo: el coronel Bernardino Ramírez.

Su figura le da nombre a una calle de Diamante (la que pasa por detrás del Colegio Santa María) como justo homenaje, pero que en más de una ocasión algún distraído copoblano ha confundido con que la denominación ha sido motivada en homenaje a quien fuera "El Supremo Entrerriano".

Paranaense de origen, nació el 19 de mayo de 1822. Sus padres fueron don José Ramírez y doña Joaquina Monzón. Allí cursó también sus estudios primarios. Posteriormente contrajo matrimonio con Carmen Fernández (hija de Jacinto Fernández y Tomasa Sorsa). Bendijo el matrimonio el Pbro. Generoso Santilli.

Su carrera militar en el ejército entrerriano comenzó desde joven, al ingresar en noviembre de 1844 en el Batallón "Fidelidad". Intervino en el sitio a Montevideo, desde donde regresó ostentando ya el grado de Alférez. Participó en los preparativos del Ejército en el campamento instalado en Diamante, para efectuar el cruce del río Paraná rumbo a Caseros, batalla en la que estuvo presente el 3 de febrero de 1852 como Comandante del 3º Escuadrón de Lanceros del Diamante, de la 1ª Compañía de la División Paso.

A causa de la brillante actuación que le cupo en ella, fue ascendido a Capitán Graduado, siendo destinado a la guarnición de María Grande.

Sus cualidades personales como profesionales, hicieron que el general Urquiza lo tuviera en cuenta para distintas misiones, hasta que el 4 de febrero de 1854 lo designó como Comandante Militar del departamento Diamante, con el fin de regularizar la situación creada por los problemas tenidos por Luis Hernández, titular de la Comandancia, que fuera luego reemplazado interinamente por el sargento mayor Marcos Cuesta.

Hombre de principios y organizador, la influencia de Ramírez en Diamante fue más que auspiciosa, comenzándose a evidenciar paulatina pero firmemente un cambio de la imagen pública de lo que era un Comandante Militar. Cumplió acabadamente con su misión desde el punto de vista policial, pero hizo hincapié en desarrollar todo lo inherente de dotar al pueblo de las necesidades que tenía, de ahí que no sólo fuera apoyado por los vecinos más notables, sino que adquirió un gran prestigio en el resto de la ciudadanía.

Al ser el 21 de setiembre de 1860 suprimidas por ley todas las Comandancias, conformándose las Jefaturas Políticas, a cargo de un Jefe Político, correspondiendo sus funciones y atribuciones las de representar como agente inmediato del Poder Ejecutivo Provincial, Ramírez fue confirmado en esta nueva figura jurídica del puesto, continuando de esa manera dirigiendo los destinos del Departamento a través del nombramiento del 1º de enero de 1861.

Al producirse los acontecimientos entre la Confederación Argentina y Buenos Aires que desembocaron en la batalla de Pavón, Diamante fue nuevamente testigo del cruce de gran parte del ejército entrerriano, Bernardino Ramírez cumplió un papel preponderante en esta acción. Posteriormente del encuentro de ambos ejércitos ocurrido el 17 de setiembre, donde Urquiza se retiró del campo de batalla, dirigiéndose con sus tropas inicialmente hacia Rosario, con la esperanza que la escuadra naval nacional se hubiera impuesto sobre la bonaerense. Al llegar al lugar, se encontró que había sido despachada hacia el Norte, por lo que siguió hacia Barrancas, desde donde sí pudo cruzar a Diamante.

En ese momento Urquiza se refugió en la casa de Ramírez, quien le facilitó los medios para llegar a San José con todas las seguridades.

Para cumplir con su cometido como Jefe Político, Ramírez se rodeó de gente como Rudecindo Ruiz Moreno y luego de Antonio Hernández, éste último actuando como Oficial 1º Secretario, en mérito de sus servicios y condiciones, que más allá de sus personalidades y que posteriormente se vieran enfrentados estos dos, fueron inteligencias claras en cuanto a trabajar por el progreso de la Villa.

Durante su gestión propuso y logró que se nombrara por primera vez un médico de policía, designación hecha en la persona del doctor Pedro Serrano, una de las pocas veces que este facultativo aceptó un cargo del Estado. También llevó adelante una serie de obras, sobresaliendo la construcción del nuevo cementerio en el barrio "San Martín", solucionando una necesidad apremiante para la población.

Cansado seguramente de tantos años de campañas y avatares propios de la función pública, el 11 de mayo de 1864 elevó su renuncia al gobernador José María Domínguez, expresándole: "Razones imperiosas me hacen que con el acatamiento debido a V. E. haga la dimisión del cargo de Jefe Político del Departamento del Diamante, excusando al especificarlas, por lo que cuento con que las altas consideraciones de V. E. sabrán disculparme, por el recargo con que hace largos años estoy en servicio del Gobierno y de mi Patria, con menoscabo de mis intereses particulares y cuando sin exigencia hay muchos de mis compatriotas que precisan de una posesión. A V. E. lo pido como una gracia, que mire mi solicitud con la justicia que merece".
La misma fue aceptada, interviniendo el ministro general Sagastume, quien decidió: "Atentas las razones en que funda su renuncia el Jefe Político del Diamante, aceptarla para darle las gracias por los servicios prestados. Nómbrase para reemplazarlo al Coronel don Valentín Gutiérrez, expídasele el correspondiente decreto y archívase".

Pero este intento de separación de cuestiones públicas, no evitó que fuese miembro Constituyente en 1864 y Diputado por Diamante en la Legislatura Provincial durante 1868.

La decisión de Urquiza de llevar adelante un nuevo período como gobernador, rodeándose de mucha de la gente que por años lo acompañó en puestos claves en los períodos anteriores, hizo que nuevamente en un momento dado, lo convocara a Ramírez para ocupar la Jefatura Política en Diamante, donde asumió el 20 de noviembre de 1869, siendo destinado Gutiérrez al cargo de jefe de las milicias del Departamento.

Poco tiempo duraría esta gestión, pues en abril del año siguiente, al producirse la conspiración que terminó con la vida del gobernador entrerriano en San José, fue avisado a tiempo que iba a ser también víctima de ella, por lo que abandonó Diamante con destino a Buenos Aires, lo que hizo que la Jefatura quedara en manos por unos días del Juez de Paz, don Dionisio Rodríguez.

Una de las cuestiones que ha llamado la atención, es el trato dado por el coronel Valentín Gutiérrez al informar esta circunstancia, dando la novedad al flamante gobernador Ricardo López Jordán: "pongo en conocimiento que en el día de la fecha me he hecho cargo de la Jefatura Política de este Departamento, por haberse fugado el comandante Bernardino Ramírez que se hallaba al frente de ella", como no perdonándole dicha acción, teniendo en cuenta que ambos compartieron muchas campañas y batallas, pero que indudablemente debe haber tenido sus celos, pues las distintas personalidades de los dos creaba distintos tipos de adhesiones. Don Bernardino fue afable, inteligente y muy correcto en sus procederes personales y arrastraba gente por convencimiento; en cambio Gutiérrez representaba el soldado hecho para la guerra, defensor de sus ideales, rudo y líder por su valentía, pero también con gran sentido patriótico.

Regresó a Entre Ríos a fines de 1873, como unos de los jefes de la Caballería en el ejército que venció a López Jordán en Don Gonzalo, luego de lo cuál se retiró a un establecimiento rural que tenía en Quebracho, en la punta del Montiel, con la idea de no participar más en cuestiones públicas.

La llegada del general Racedo a la gobernación de la Provincia, hizo que nuevamente fuera convocado por su gran prestigio para ocupar la titularidad de la Jefatura Política del Departamento, asumiendo el 19 de febrero de 1883, seguramente con la misión de "remendar" las relaciones entre la Corporación Municipal y la Jefatura Política, que su antecesor Sebastián Etchevehere, había llevado a un punto que fue necesaria la intervención del Juez del Crimen de Paraná para laudar en el conflicto.

En este período participó activamente apoyando la organización de la Sociedad de Beneficencia, en coordinación con la Corporación, sumó sus medios para que se concretara el primer edificio municipal, gestionó la exportación al Paraguay del primer trigo de las colonias de nuestro Departamento, como otros tantos temas en un momento que Diamante daba un salto de franco progreso.

Al llegar 1886, se le confirió el grado de Coronel de las milicias entrerrianas, para luego a fin de año entregar la Jefatura, siendo reemplazado por don Angel Ramírez.

Siguió vinculado a nuestro medio, donde falleció el 16 de noviembre de 1889, de insuficiencia valvular del corazón según rezó el diagnóstico médico.

Su figura no fue olvidada, siendo en más de una ocasión tomada como ejemplo de lo que debía ser un funcionario público, motivo que llevó a que la Liga Patriótica lo tuviera en cuenta en cuanta ceremonia o acto realizara, logrando se cediera a perpetuidad un nicho en el Cementerio local para que descansaran sus restos en 1920. Al año siguiente, se realizó un homenaje póstumo el 25 de mayo, ocasión en que procedió a la inauguración de una artística placa de bronce dedicada al ilustre militar, que actualmente adorna su nicho, siendo bendecida por el Pbro. Julián Martínez, Cura de la Catedral.

El 30 de enero de 1956, se trató en el Honorable Concejo Deliberante un pedido del Departamento Ejecutivo de designar con el nombre de "Coronel Bernardino Ramírez" a la en ese momento calle "Salta", como así "Intendente Dasso" a la denominada "Tucumán", como parte de los festejos del 3 de febrero que se avecinaban, a efectos de honrar a vecinos del municipio considerados benefactores del pueblo, lo que fue aprobado. Por Decreto Nº 6460 posteriormente se oficializó la medida.

EL DOCTOR PEDRO SERRANO



Uno de los nombres que ha quedado grabado en el pasado diamantino, es el del doctor Pedro Serrano. Se ha divulgado muy poco de su actuación en nuestro medio y siempre es mencionado por haber sido el primer médico de policía local. Creo que su historia es muy interesante y rica en hechos, y aunque sea sintéticamente, merece ser rescatada y ser el tema de hoy.

Serrano nació en 1805 en Buenos Aires. Allí estudió Medicina en el Colegio de la Unión del Sur (ex Real Colegio de San Carlos) y en esa etapa juvenil es que conoció y fue condiscípulo del futuro general Urquiza.

Ya recibido, participó en la guerra contra Brasil integrando el Servicio de Sanidad del Ejército Republicano.

En 1839 fue de los componentes de la "Legión Libertadora" de Lavalle en la Isla Martín García, figurando en el Estado Mayor General como cirujano con el grado de Sargento Mayor (Mayor).

Fue convocado a ser cirujano en el Ejército Libertador de Lavalle. Al ser derrotados en 1841, emigró a Bolivia, donde residió hasta 1849, en que decidió establecerse nuevamente en el país, más precisamente en Concepción del Uruguay, bajo la protección de su antiguo condiscípulo y en ese momento gobernador de la Provincia.

El 1º de setiembre de ese año fue nombrado médico y cirujano de policía de esa ciudad, cargo al que renunció a fines de noviembre.

Fue propuesto para ocupar una vocalía en el Tribunal de Medicina creado en la Provincia con el fin de regir todo lo concerniente al área, pero enterado de ello, elevó una nota no aceptando la designación.

Durante ese año se dedicó a preparar su obra "La Riqueza Entre-Riana", documento que fue impreso en el Colegio de Concepción del Uruguay y que vio la luz en enero de 1851, en el que reflejó todo el potencial económico de la provincia, detallando industrias, ganado y datos de exportación e importación, las obras públicas, el estado de la educación, el ejército, etc., siendo aún hoy un valioso aporte documental de primera mano. Indudablemente representó también en ese momento, un excelente medio de hacer conocer la acción gubernativa del general Urquiza desde 1842.

Preparándose el ejército para lo que iba a ser Caseros, se creó unos meses antes del cruce del Paraná, un hospital militar en Diamante, como base de apoyo sanitario a las tropas que intervenían en todos los movimientos preparatorios. En febrero de 1852, cuando se fueron los primeros médicos que atendieron acompañando el ejército, Serrano se hizo cargo del mismo permaneciendo hasta fines de año siguiente, quedando documentado la asistencia de no sólo soldados, sino al ser el único profesional en la zona, de todos los residentes que lo necesitaban en el punto.

De esta actuación profesional, ha quedado registrado en el Libro Mayor de la entonces Administración de Rentas del Diamante, en el rubro Hospitales Militares, los sueldos cobrados en el período. También las notas elevadas al Comandante Militar adjuntando las cuentas de las medicinas empleadas en las curaciones.

He comentado en los artículos que desarrollé sobre la vida del comandante Luis Hernández, que cuando éste intervino en los hechos de 1852, al regresar fue herido y detenido, fue Serrano quien le efectuó las curaciones.

El 12 de abril de 1861 fue designado como primer médico de policía de Diamante a instancias de la propuesta del coronel Bernardino Ramírez al general Urquiza, cargo en el que permaneció hasta febrero del año siguiente, que por motivos de salud se vio obligado a renunciar hasta su mejoría, cuestión que ocurrió en noviembre, cuando se reintegró al servicio.

Nuevamente solicitó su renuncia en abril de 1864, la que fue aceptada por el gobierno, fijando su residencia en la ciudad de San Pedro, en la provincia de Buenos Aires. En una nota fechada el día 25, el Jefe Político del Diamante le informó a los Ministros Secretarios Generales de Gobierno "Que habiendo quedando vacante la plaza de médico de policía de este punto por renuncia del Dr. Pedro Serrano y considerando el infrascrito la necesidad imperiosa de llenar ésta con otra persona que reúna las condiciones necesarias propongo al Dr. en Medicina don Adolfo Hohonfels, súbdito alemán".

Llegó el mes de junio de 1872, y la falta de un médico en el pueblo era acuciante. El jefe político del Diamante Valentín Gutiérrez le concedió el empleo de médico de policía al practicante de medicina Carlos Anfossi hasta que se consiguiese un profesional que quisiera establecerse en esta localidad. En ese momento varios vecinos se empeñaron e hicieron las gestiones para que "el Profesor en Medicina don Pedro Serrano, vecino que ha sido de esta Villa y que goza de muchas simpatías por sus conocimientos profesionales para que venga a establecerse en ella si se lo designa Médico de Policía. A ello ha accedido dispuesto a abandonar su clientela y comodidades que tiene en el pueblo de San Pedro, provincia de Buenos Aires". De esta forma se lo expresó Gutiérrez al Ministro de Gobierno de la Provincia. Así es que el 17 de ese mes fue nombrado nuevamente en el citado cargo, en el que estuvo hasta el mes de noviembre, en que presentó y fue aceptada su renuncia.

En lo que respecta a su vida familiar, Serrano se casó con doña María de las Nieves Correa, matrimonio que no dejó descendencia.

Falleció el 12 de noviembre de 1878 en Diamante, a los 73 años de edad, siendo sus restos depositados en un panteón del viejo cementerio. Su mujer, murió el 18 de abril de 1881, a los 69 años. Ambos testaron a favor del sobrino de ella, don Rudecindo Ruiz Moreno. No sería desacertado pensar que actualmente sus restos están depositados en el panteón de la familia Ruiz Moreno ubicado en la senda central de nuestra necrópolis, que pertenece a la rama de don Rudecindo, donde en las dos esquinas que dan al Oeste, se encuentran dos urnas sin identificación localizada y con evidencia de ser de esa época. Queda pendiente realizar un estudio para determinar con precisión si realmente es así.

En cuánto al lugar de residencia, hizo construir su casa en lo que luego se conoció como "la quinta del doctor Serrano", que comprendió un solar más o menos limitado por las hoy calles Tratado del Pilar, Eva Perón, Pedro Serrano y Gobernador Etchevehere, es decir las manzanas ocupadas por el Hospital, el Colegio Nacional Mixto y las dos linderas hacia el Sur.

La inauguración de la residencia se produjo en junio de 1859, quedando documentado en una carta que le escribió desde Diamante al general Urquiza, en ese momento Presidente: “Mi muy estimado señor y amigo: Cumplo con el agradable deber de repetir a V. E. el ofrecimiento de mi humilde casa en mi quinta, por si V. E. pasa por este punto y se digna alojarse en ella". Y en otro párrafo agrega: "Dentro de 8 días quedará lista mi casa y no me mudaré mientras V. E. no disponga de ella. Le deseo buena salud y prosperidades; y soy de V. E. como siempre fiel y agradecido amigo".

Lamentablemente, luego dicha propiedad pasó a manos fiscales, según lo que se puede reconstruir de los datos que han quedado en los archivos, por ejemplo el 23 de diciembre de 1874, cuando en una nota del jefe político Francisco Acebal al Ministro de Gobierno, le expresa: "Pongo en conocimiento de su S.S. que se ha apersonado a esta Jefatura la Sra. Nieves Correa de Serrano y que ha hecho presente que no puede continuar cuidando la casa quinta perteneciente al fisco, que es la que antes fue del Dr. Pedro Serrano y pide lo ponga en conocimiento del Superior Gobierno para que disponga lo que estime al respecto.

Con este motivo haré saber a S.S. que cuando el Sr. Gobernador estuvo últimamente en el Paraná dejó al Receptor de Rentas Sr. Ruiz Moreno que le hizo presente el gran deterioro que estaba sufriendo, que cuando regresase a esta Capital dispondría su venta, debiendo advertir a S.S. que el inventario y tasación que últimamente se hizo de la quinta citada se encuentra en ese Ministerio General”.

En enero del año siguiente, quedó asentado como Orden del día para la sesión del 17, el tratamiento del proyecto de Ley autorizando al P. E. para vender en pública subasta la citada casa. Agrega que "Esta finca que pasó a ser propiedad fiscal para cobrar una deuda del Dr. Pedro Serrano con el fisco, demanda gastos infructuosos, creciendo a pesar de ello su deterioro, y no teniendo la otra parte aplicación útil por su situación a ninguna oficina ni establecimiento público".

En las Memorias del año 1879, refiriéndose a los edificios y Obras Públicas, el Jefe Político refiere que "La quinta del Dr. Serrano, hoy de propiedad fiscal, se halla bastante destruida tanto en el edificio como en la arboleda y cerco, se tiene allí una familia al cuidado pero lejos de adelantar se sigue destruyendo, al cederla el Gobierno por tres años a los empresarios de la Colonia "Cuevas" con destino a asilo de inmigrantes, algo se adelantaría, forzosamente tendrán que refaccionarla".

Y ya que menciono este párrafo sobre ser usada con esa finalidad, debo mencionar que en enero de 1878, cuando desembarcaron en Diamante los primeros alemanes del Volga en número de 1006 personas, y hasta tanto fueron trasladados a partir del día 29 al campamento de "General Alvear", el lugar donde se hospedó a la mayor cantidad de ellos, fue en esta propiedad, como así en otros lugares, siendo uno de los otros el siempre mencionado de la familia González, frente a la plaza.

Esta quinta fue cedida por el gobierno provincial al formarse la Sociedad de Beneficencia, para instalar en ella el entonces "Hospital de Caridad", que luego en sucesivas etapas el solar vio reducida sus dimensiones, para ocupar actualmente la manzana que conocemos y estar ubicada en él, el hoy Hospital "25 de Mayo"

En honor a Serrano, el 13 de agosto de 1910, se designó con su nombre a la antigua calle Victoria, que corre de Norte a Sur y pasa frente al Hospital. Al otro año, la Municipalidad encargó a Rosario 10 chapas enlozadas de 50x15 cm. con la inscripción Pedro Serrano y otras del mismo tamaño con la leyenda Avenida Sarmiento.

Mayor del Ejército Entrerriano Martín José Ruiz Moreno



Publicado en:
Periódico El Supremo Nº 630 - 18-11-1999

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El 11 de noviembre se cumplieron 200 años del natalicio de quien fue, a instancias del nombramiento efectuado por el entonces Gobernador de la Provincia general Justo José de Urquiza, el primer Capitán del, en ese momento habilitado, Puerto del Diamante. Gracias a los datos, unos cedidos generosamente por su descendiente, el Dr. Isidoro J. Ruiz Moreno, que incluyó en su obra “Crónicas de la Familia”, otros cosecha del trabajo realizado por el Prefecto General (R.E.) Andrés René Rousseaux, relativo a la historia de nuestra Subprefectura local y algunos más de investigación propia, disponemos hoy de la biografía de unos de los hombres que tuvo descollante protagonismo, cuando nuestro pueblo vio nacer sus primeras instituciones en el período 1848 a 1851.

También, luego de buscar durante años, su distinguido bisnieto que nombro, logró ubicar una imagen de nuestro personaje que estaba en manos de una familiar, y que a través de la intervención del Prefecto General (R.E.) Rousseaux, un estudioso de la historia prefecturiana y entrerriana, implementando los medios para que se hiciera una ampliación y retoque, hoy puedo acompañar una copia en este artículo, y es la que a partir del acto del día de la Prefectura Naval, celebrado el 29 de octubre ppdo. en nuestra delegación local, adornará en adelante su sede, como justo homenaje a quién es considerado su primer Jefe.

Don Martín José Ruiz Moreno y Sánchez Negrete, nació en la localidad de San Nicolás en 1799. Joven aún fijó residencia en Rosario, donde luego contrajo matrimonio el 4 de mayo de 1827 con María Dolores de Castro y Borda.

Intervino a fines de 1828 en los incidentes producidos al estallar la revolución de Lavalle, que depuso y dio muerte al gobernador Dorrego, ante lo cual se alistó en defensa del orden legal y con una partida federal ocupó el entonces pueblo de San Pedro. Encargado del comando de éste su hermano, el teniente coronel José Ramón Ruiz Moreno, don Martín José se halló en la defensa de la población el 28 de junio de 1829 contra el asalto llevado por una División Unitaria.

Radicado definitivamente en Entre Ríos en 1834, se instaló en Diamante donde poseyó un establecimiento rural. Al comenzar la guerra civil durante la época de Rosas, se incorporó al Ejército Federal como Teniente, participando en 1839 en la batalla de Pago Largo, donde se le otorgó la medalla de plata, concedida a los vencedores.

Al cabo de 1841 tomó parte de la campaña contra el Ejército de Reserva de Corrientes, donde cayó prisionero el 28 de noviembre en la derrota de Caá-Guazú. El general Paz, jefe vencedor, le concedió la libertad, al ser su hermano José Ramón, entonces Coronel, aliado con éste en las filas enemigas.

De regreso a Diamante, fue nombrado con el cargo de Comisionado Militar del pueblo, donde se desempeñó hasta el momento en que el general Urquiza, el 4 de julio de 1848, creó la Comandancia Militar, poniendo a su frente a don Luis Hernández, también la Receptoría de Rentas, designando como titular a don Manuel Agulla, y ese día además, firmó los decretos habilitando “el Puerto del pueblo del Diamante para introducción y extracción como están los demás de la Provincia” y nombrando como su Capitán a nuestro don Martín José, quien al mismo tiempo ejerció funciones de Cabo de Rentas. Testimonio de su actividad son los libros de Anclaje desde el año 1849 firmados por él, y que aún se conservan en el Archivo General de la Provincia de Entre Ríos.

Luego del Pronunciamiento de Urquiza el 1º de mayo de 1851 y llegando la fecha del cruce del Paraná por el Ejército Grande, intervino en la preparación y estudio de dicho pasaje, cuando la marcada bajante del nivel del río permitió realizarlo, por eso no llama la atención que fuera el Ayudante de Campo del general Juan Madariaga, responsable de esas operaciones, a partir del 23 de diciembre de 1851. Continuó en la campaña e intervino en Caseros.

De regreso en Diamante, ocupó nuevamente el cargo de Capitán del Puerto, función que desempeñó hasta fines de 1853, lapso interrumpido solamente en dos intervalos entre julio a octubre de 1852 y mayo a julio del año siguiente, en que se ausentó acompañando al ejército entrerriano.

El 16 de julio de 1859, pese a las atenciones del doctor Pedro Serrano, falleció en nuestra ciudad su esposa, doña Dolores. Poco tiempo tuvo don Martín José para pensar por el momento familiar que pasaba, pues al producirse las hostilidades entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, y ya con el grado de Mayor, marchó a cargo del Escuadrón Diamante, relevando a su titular coronel Valentín Gutiérrez, quién se hallaba enfermo, interviniendo de esa manera en la batalla de Cepeda el 23 de octubre de 1859.

También estuvo presente en setiembre de 1861 en los hechos, que desembocaron en los acontecimientos de Pavón, sumado a las tropas diamantinas.

Alejado de la actuación activa de las milicias, falleció en Paraná el 28 de enero de 1875. Lamentablemente no se ha podido ubicar el lugar donde descansan sus restos, al no encontrarse los registros de defunción y que es uno de los temas que seguimos estudiando.

CORONEL LUIS HERNANDEZ



En este trabajo voy a reseñar la vida del coronel Luis Hernández, hombre que marcó a través de su actuación pública, como Comandante Militar del Departamento, la transformación de Diamante luego de su fundación en 1836, de ser un caserío desmembrado a convertirse en una comunidad pujante y organizada para la época, permitiéndome transcribir algunos datos biográficos investigados por el Dr. Isidoro J. Ruiz Moreno, quien en su vasta obra, ha publicado trabajos sobre el tema, además de haberme enviado generosamente la imagen que acompaña el artículo.

Nació el 11 de octubre de 1819 en la vecina ciudad de Santa Fe, siendo uno de los ocho hijos del matrimonio de José Justo Hernández y Catalina López. Esta última, su madre, era hermana melliza del que fuera Gobernador General de la provincia de Santa Fe, el general Estanislao López, siendo otro de sus hermanos, Juan Pablo López, luego General, que lo veremos acompañar al sobrino que hoy nos ocupa, en varios momentos de su vida.

El 13 de febrero de 1841, Luis Hernández contrajo matrimonio con María Cecilia Bergara en la ciudad de Rosario, donde los testigos de esa boda, fueron el entonces mandatario provincial y su esposa.

Su vida militar fue muy rica en hechos, diría yo novelesca y llevaría todo un libro desarrollarla y trataré de limitarme a lo cumplido en nuestro ámbito; pero a modo de introducción para formar el concepto de cómo llega a nuestra ciudad, reseñaré lo siguiente: por origen familiar no pudo sustraerse a ser parte de las fuerzas santafecinas, que intervinieron en el pronunciamiento en el mes de noviembre de 1841 contra la tiranía de Rosas; al ser derrotadas éstas por el ejército de Oribe, Hernández pasó al Chaco, donde los indios de la zona le brindaron hospitalidad, que él devolvió dedicando su tiempo a realizar acciones para civilizarlos y trasmitirles conocimientos religiosos. Mientras tanto su mujer se asilaba en Uruguayana (Brasil).

De allí, acompañó a su tío, el general Juan Pablo López en su intervención en los hechos que terminaron con la batalla de Arroyo Grande, en abril de 1843, donde seguía integrado a las fuerzas santafecinas junto a las correntinas del coronel Joaquín Madariaga. Por esta acción fue ascendido al grado de Mayor.

En 1845 integró las fuerzas que partieron de Corrientes y llegaron a Santa Fe, donde la tomaron, pero no consolidaron esa victoria y al permitir que los vencidos se reorganizaran, son derrotados en Mal Abrigo el 12 de junio. Esto lo hizo separarse del ejército de Madariaga, asilándose en Uruguayana, donde se reunió con su mujer.

Reapareció luego de la batalla de Vences, en 1847, donde solicitó asilo como otros tantos en nuestra provincia, a su antiguo adversario, el gobernador Urquiza, con quien lo unía la misma idea: combatir a Rosas. Y es tal el reconocimiento del mandatario, que no solamente lo recibió, sino que le confió la comandancia militar del pueblo del Diamante, como lo atestigua la nota fechada el 5 de julio de 1848 en Paraná, del gobernador delegado Crespo a Urquiza, que dice: "Hoy mismo se despachan los nombramientos de Comandante, Administrador de Rentas y Capitán de Puerto en las personas del Sarg. Mayor Dn. Luis Hernández, Dn. Manuel Agulla y Dn. Martín Ruiz Moreno".

Su agradecimiento lo transmitió el 9 de julio en la carta fechada en el Diamante, dirigida a Urquiza, expresando: "Mi querido General: Hoy por orden que recibí del Exmo. Sor. Gobernador Delegado, me he recibido de la comandancia de este pueblo y su distrito. Recibí también los despachos de mi graduación".

Inmediatamente puso mano a la obra, y coordinó junto a los también recién nombrados: Manuel Agulla, el juez de paz Antonio Ríos y el capitán Martín José Ruiz Moreno, en las tareas de organizar el pueblo. Como auxiliar suyo lo tenía al jefe de las fuerzas de seguridad, comandante Valentín Gutiérrez. Su preocupación en llevar su gestión adelante es evidente, como lo demuestra la profusa documentación que atestigua su intervención en diversas acciones, no solamente sobre su tarea específica como comandante, sino por ejemplo, al comenzarse con las primeras obras públicas ordenadas por el gobierno provincial. La iglesia fue la primera de ellas, empezó el acopio del material durante 1848, para iniciar las obras el 15 de octubre del año siguiente. Personalmente se dedicó a buscar el personal que se ocuparía como mano de obra, organizando inclusive los hornos de ladrillos necesarios.

Es interesante leer en una carta del 24 de agosto de 1850 al Ministro Galán, donde expresa: "El infrascrito se ve precisado a pedir la aprobación de S. E. para alquilar una casa que sirva de oficina a la comandancia militar, pues, siente el inconveniente de tener 35 personas de familia, las más de ellas criaturas, ser también la posada de las personas forasteras que llegan a este punto y a más tener que establecer una guardia".

Durante este período ha quedado documentado los primeros síntomas del desmejoramiento de su salud, que luego le traerían consecuencias fatales. Es en enero de 1849, cuando debió hacerse tratar en Paraná, y ha sido tan delicado su estado, que el día 5 le hace llegar una nota fechada en el mismo Paraná al ministro Galán, expresando: “Respetado Señor: La necesidad de reparar mi salud me ha puesto en la precisa obligación de venir a esta Capital y no pudiendo por mi estado pasar ante V. S. personalmente hágalo por medio de ésta para poner en conocimiento que dejo en mi lugar al señor Comandante D. Valentín Gutiérrez, acompañado de las instrucciones necesarias para que dé la más exacta ejecución a las órdenes de V. S.".

Esta fue la época más próspera para Diamante desde su fundación en 1836, comenzando a funcionar a pleno instituciones importantes para la evolución de cualquier comunidad. La habilitación del puerto hizo desarrollar el comercio de manera notable, sumado el apoyo brindado a los labradores, mediante entrega de subsidios y semillas, que permitieron obtener excelentes cosechas de trigo. Hernández hizo trazar y ejecutar el camino de acceso al puerto, que agilizó la comunicación con él. Al crearse la Comisión Escolar del Departamento, se instaló la primera escuela oficial registrada hasta el momento: la Escuela de Primeras Letras, costeada por el gobierno provincial y que en su proyección es la hoy Escuela Nº 1 “Independencia”, y la designación del primer maestro de la misma: Dn. Valentín Zamora, quien permaneció poco tiempo en el cargo, siendo reemplazado por Dn. Benito de la Torre. También se sumó el comienzo de las actividades religiosas en el nuevo templo, hasta el momento realizadas a través de las visitas eclesiásticas desde Paraná, nombrándose el primer cura párroco: el Pbro. Esteban Solari. (Estos temas serán desarrollado en próximos trabajos).

Todo ello confeccionó un cuadro atrayente, y es así que fue continua la emigración desde el lado santafecino, la que fue amparada por Hernández a instancias de Urquiza, dando todas las facilidades para que se instalaran, siendo el único requisito “tener deseos de trabajar”. Entre las medidas, el gobierno dispuso entregar terrenos baldíos fiscales a ciudadanos, con la obligación de poblarlos dentro de un tiempo determinado.

Hernández siguió enfermo, al final del año le escribe a Urquiza: “Deseaba, mi General, como a la única persona a quién le miro como padre, ir a tener el gusto de verle y llevar yo a estos hombres que le fueron ingratos, pero sigo por mi desgracia enfermo, privado del sol, el caballo y aún de continuar la pluma, que éste no puede evitarlo y aún teniendo resultados más desgraciados por mi escasa salud”.

En 1851, luego del Pronunciamiento del 1º de mayo, Urquiza comenzó la tarea de inteligencia para preparar el terreno de lo que sería Caseros, le encomendó a Hernández enviar agentes para referir lo que acontecía del lado de Santa Fe. También le encargó de vigilar las costas, para prevenir cualquier acción de Echagüe.

Diamante fue el lugar elegido en diciembre para la gran concentración del ejército que se preparaba para avanzar hacia Buenos Aires y cruzar el Paraná. Allí intervino activamente nuestro Comandante como dueño de casa apoyando todos los preparativos.

Acá se produce la acción que lo mostró en toda su dimensión de soldado y que es totalmente reflejada en el parte que elevó informando lo acontecido al coronel José M. Francia, en el que relata que luego de recibida la orden de tomar en 24 horas la plaza de Santa Fe, para lo cual con fuerzas del Batallón Fidelidad Entre-Riano, y la Compañía de Colorados tomase la plaza de Santa Fe. Para esto salió de Diamante, pasó desde la Bajada Grande frente a la Isla de Lanche a nado del Río Paraná, cada soldado con su caballo al costado, las armas, municiones y monturas, utilizando también lanchones que se habían mandado a aquel punto.

En un rápido golpe de mano reduce las guardias que resguardaban Santa Fe, entró en la plaza, allí el teniente coronel Comas entregó las tropas, tomando definitivamente Hernández posesión de ella.

Luego se dirigieron por tierra hasta frente a Diamante, donde se incorporaron al resto del ejército, para avanzar hacia Buenos Aires, integrando la vanguardia; lo que lo hace participar en las primeras acciones propias de la aproximación. Así llegó el 3 de febrero en que intervino en Caseros destacándose nuevamente por su bravura. Ello es reconocido y le valió el ascenso a Teniente Coronel.

En marzo regresó a su cargo de Comandante, pero inmediatamente, a raíz de las internas por el gobierno de Santa Fe, en la que era protagonista su tío, el general Juan Pablo López, lo hizo tomar una decisión que lo llevó a complicar su futuro promisorio en nuestro pueblo, interviniendo directamente en los acontecimientos. Para ello solicitó permiso para ausentarse a Rosario por cuestiones particulares, pero en realidad el 5 de julio, junto a otros opositores tomó la plaza del Rosario y puso en arresto al comandante general Oroño y al juez de paz Bayo; por esto es sindicado Hernández como cabeza del movimiento junto al coronel José Fernández, el que levantó las fuerzas de esa ciudad contra Rosas en los momentos previos a Caseros.

A pesar del triunfo inicial de esta revolución, y de tratar de fundamentarla luego a las autoridades, el gobernador Crespo no le perdonó semejante acción, movilizando a todas las fuerzas para conjurarlo, porque Hernández y López avanzaban sobre la capital de Santa Fe. Urquiza fue más benévolo, pues a pesar de comprenderlo y poner en evidencia el afecto que le tenía, deploró el hecho. Esto llegó a conocimiento de los insurgentes, lo que motivó el desbande de la mayor parte de la gente, no quedando otra alternativa a Hernández que cruzar hacia Entre Ríos.

El 7 de julio, Crespo dirigió a Hernández una carta donde el gobierno lo apercibió por haber tomado parte en actos sediciosos, y al haber mentido al gobierno al pedir licencia para pasar a la capital de Santa Fe con el pretexto de conducir muebles que le pertenecían, poniendo en conflicto al encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación

El día 8 el ministro Luis de la Puente lo depuso del cargo de comandante de Diamante y lo reemplazó en forma interina por el sargento mayor Marcos J. Cuesta.

Al disolverse el 13 la fuerza sublevada en el Rosario, Luis Hernández, se embarca con destino a Diamante. En este concepto el gobernador delegado Crespo ordena a los cuerpos de milicias del área a encontrarlo y prenderlo vivo o muerto.

Desde Palermo de San Benito, el general Urquiza se dirigió a Antonio Crespo defendiendo a Hernández a quien lo trató como un patriota, y le llamó la atención que no se deje llevar por lo publicado por el periódico "Progreso", y en uno de los párrafos le expresaba "Pero ya se ve, Ud. es también uno de esos de "calzones caídos" que se espantan de las sombras, y que al ver toser a la vieja, ya les parece que se muere".

El 17 de julio, en la madrugada llegó Hernández a la boca de la Manga, donde una partida al mando del oficial Eloy Fernández lo localizó. En ese episodio fue herido en el muslo de un tiro, entró herido en Diamante y se dirigió a una chacra que tenía en la Ensenada, pero fue descubierto y debió rendirse por la gravedad de su estado. Fue trasladado a la Comandancia, donde el doctor Pedro Serrano le realizó las curaciones.

Es enviado a Paraná, pero enterado Urquiza, ordenó que sea liberado, expresando que ya lo había indultado antes de su captura y que se hiciera cargo nuevamente de la Comandancia del Diamante, ya que "servidores como él, y soldados que en los campos de batalla defienden los derechos de los pueblos, son los que se necesitan para que el país no sea víctima de la demagogia y de los que sin títulos ningunos quieren hacerse los intérpretes de la voz del pueblo".

El gobernador delegado Crespo cumplió lo ordenado por Urquiza, y Hernández retomó el cargo, pero por corto plazo ya que presentó su renuncia para dedicarse a un emprendimiento rural que había comenzado con su familia.

Al poco tiempo, se produjo un hecho que lo llevó a ser recluido nuevamente, y fue cuando, según documentación del archivo del Dr. Isidoro J. Ruiz Moreno, le llegó a Urquiza un chisme donde lo ponía a Hernández hablando burlonamente de él, refiriéndose a lo acontecido durante la incursión de las fuerzas porteñas a cargo del general Hornos y en la que Urquiza flaquearía y fue Hernández el que lo contuvo y lo incitó a seguir adelante, lo que hizo que el general siguiera con su exitosa campaña. El 12 de febrero de 1853 fue puesto nuevamente bajo arresto y trasladado a Paraná.

El 24 de abril llegó a Paraná el diputado constituyente Dn. Juan Seguí con "licencia por 48 horas" para servir de padrino defensor de López y Hernández en el sumario que se le estaba instruyendo, pues no quisieron otro en esa tarea. Seguí luego de la Secretaría de 1850/51, y ya en marcha el Ejército Grande, el general Urquiza lo nombró antes del paso de Diamante, Auditor General de Guerra, cargo con el que asistió a Caseros.

A medida que pasó el tiempo, fueron muchas las personas que interpusieron ante Urquiza el pedido de contemplar la situación y diversos hechos sucedieron, pero fue recién en marzo del año siguiente, que recobró su libertad. Las cartas que envió a sus conocidos, revelan un total desánimo y es así que se retiró a trabajar en su establecimiento rural, lindando con el arroyo de la Ensenada, en el departamento Diamante.

Durante el año 1856, el 11 de marzo nació su hijo Sabá, que luego trascendió por su actuación política y llegando a ser gobernador, siendo el padrino el general Juan Pablo López. Seguramente la elección del nombre fue en honor a quien fuera su hermano menor y ejecutado por las tropas de Oribe, luego de la derrota de una batalla en Coronda en 1842.

En junio se trasladó a su provincia natal, y retomó la actividad política, nuevamente al lado de su tío, interviniendo en los sucesos de julio donde fue depuesto el gobernador Cullen, quedando López provisoriamente en el cargo. Este nombró a Hernández como su hombre de confianza en Rosario para que atendiera sus intereses en esa ciudad.

El 4 de agosto fue rehabilitado públicamente por Urquiza, que en ese momento era el Presidente de la Confederación, ascendiéndolo al grado de Coronel de Caballería.

Pero su salud totalmente disminuida, hizo que el 11 de setiembre falleciera inesperadamente después de un baño en el río Paraná.

El gobierno de Santa Fe dispuso un gran funeral de acuerdo al ceremonial militar, que fue acompañado por gran cantidad de vecinos en la catedral de Rosario. Mientras tanto Urquiza, decretó que la misma ceremonia se efectuara en la iglesia matriz de Paraná, con las honras fúnebres de acuerdo a su jerarquía.

Sus restos fueron traídos a Diamante. El 24 de octubre de 1891 quedó registrado en un acta de sesión de nuestro Honorable Concejo Deliberante, el tratamiento de un proyecto de ordenanza “Que en atención a los méritos de quien se considera fundador de la Ciudad coronel Dn. Luis Hernández, quien fue nombrado Comandante Militar del Dpto. Diamante en 1848, vino a formar esta población cuando era un campo sin recursos, que se ingenió para llevarlo adelante. Con el propósito de que sus restos descansen en el cementerio, se designa el cuadrado Nº 1 para panteón como propiedad perpetua de sus deudos. En su lápida se escribirá su obra para el conocimiento histórico”.

Este trabajo apunta a rescatar su memoria, que se ha ido perdiendo en el tiempo y hoy ha quedado prácticamente olvidada.

ANIV. DEL FALLECIMIENTO DEL DR. CARLOS L. VERGARA


Nació en la Capital Federal el 20 de mayo de 1904 y se crió en Bahía Blanca, donde su padre se instaló como abogado. En esa ciudad cursó hasta 4º año del secundario, completando el bachillerato en el Colegio Nacional de Paraná. Obtuvo el título de Abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Santa Fe. Contrajo matrimonio con Dña. Rosario Matilde Duprat, con quien tuvo cuatro hijos.
Entre 1939 y 1943 se desempeñó en Paraná como Director de Estadísticas y Censo, durante la gestión del Gobernador Mihura. Radicado en Diamante ocupó el cargo de Agente Fiscal en nuestra localidad.
Tuvo una gran actuación en el ambiente cultural diamantino, ocupando entre 1944 y 1948 la presidencia de la Biblioteca Popular "Independencia" y luego en setiembre de 1948 ocupó por un año la presidencia de la Biblioteca Popular Diamante
Ese año fue uno de los fundadores, primer Rector y Profesor Ad honorem del entonces Instituto Mixto de Enseñanza Secundaria (actual Colegio Mixto “Dr. Carlos L. Vergara”).
Amante de los deportes, fue un precursor de la práctica del Rugby en la ciudad, creando el Colegiales Rugby Club, que compitió con clubes paranaenses. Fue uno de los fundadores junto a su hermano José Ignacio, del Aero Club Diamante.
Falleció a los 89 años en Bahía Blanca. Sus restos fueron trasladados a Diamante y descansan en su necrópolis.
El 15 de julio de 2002, mediante Resolución Nº 2289/02 C.G.E. se le impuso su nombre al Colegio Mixto Diamante, recordando así a quien fue uno de los impulsores y su primer Rector. Posteriormente el 28 de setiembre se cumplió el acto oficial de imposición del nombre al citado Colegio.

martes, 2 de junio de 2009

GENERAL (R.E.) HERNAN PUJATO - PIONERO DE LA ANTARTIDA ARGENTINA


Cumpliéndose un aniversario más del nacimiento del general Hernán Pujato en Diamante, un 5 de junio de 1904, corresponde escribir unas líneas para recordar algunos detalles de la trayectoria del gran hombre que nos dejó enseñanzas que deben ser aprovechadas por todos.

Hablar de él y la importancia de su obra en la Antártida, presupone un compromiso y un gran riesgo, por la limitación que tienen las palabras y el espacio para reflejarla en toda su dimensión.

¿Cómo describir a un hombre de su talla, de su inquebrantable espíritu, moldeado para la labor suprema en la cuál puso su aliento insuperable, teniendo además siempre en su mente a la Patria?. No hay duda que no sólo Dios estuvo de su lado, sino que su profesionalismo, su contextura moral y su decisión fueron fundamentales para obtener la magnitud de sus logros.

Trataré de superar el escollo, comentando inicialmente que a pesar de que mi ámbito es la investigación histórica de Diamante, muchas veces termino haciendo contacto con la vida de sus hijos, como es el caso de este ilustre diamantino; que a pesar que desarrolló sus actividades en el contexto nacional, lejos de su ciudad natal, no dejó de pensar en sus grandes momentos en ella.

Nacido y criado en una familia que le dio la semilla de las virtudes, que supo luego desarrollar y que le permitieron moldear su gran personalidad: integridad, austeridad, fortaleza espiritual y amor a la Patria. Su ciclo escolar en Diamante, el secundario en Buenos Aires y su paso por el Colegio Militar de la Nación, terminaron de preparar a ese todo, donde el hombre, el militar, el idealista, el visionario y el hacedor, se mezclaron y lo hicieron comenzar a andar.

En poco tiempo, tomó contacto con los elementos con quienes conviviría en el futuro: hielo, nieve, frío. Sus servicios en unidades de montaña como el Regimiento 16 de Infantería en Uspallata, provincia de Mendoza, le permitieron adquirir la aptitud de esquiador militar y desarrollar una gran actividad en la montaña, llegando en 1929 a casi hacer cumbre en el Aconcagua, abandonando a los 6000 metros a causa de un fuerte temporal, lo que lo fue fogueando y haciéndolo adquirir una gran experiencia en el manejo de situaciones extremas. Retornó a la zona al egresar en 1938 de la Escuela Superior de Guerra, con el título de Oficial de Estado Mayor y destino en el Centro de Instrucción de Montaña en la provincia de Mendoza.

El ser nombrado en 1944 Jefe de Estado Mayor de la Agrupación Patagonia, le permitió comenzar a adentrase cada vez más en la posibilidad y necesidad que tenía el País de llegar y ocupar la Antártida.

Designado en 1946 Agregado Militar en la Embajada Argentina en Bolivia por dos años, nada le impidió seguir trabajando la idea, realizando gestiones muchas veces ni siquiera escuchadas, pues creo que no se podía concebir en ese momento llevar adelante semejante proyecto: era nada más y nada menos que una aventura.

De regreso de su misión en Bolivia, durante 1948 y estando concretándose la ampliación del nuevo templo parroquial de Diamante, donó importantes sumas de dinero para apoyar dicha obra, lo que seguramente hizo que Dios le diera una mano, que sumado a su prestigio en alza, se concretara que fuera autorizado al año siguiente a realizar por propia solicitud, un curso de supervivencia polar en Alaska, sumando así experiencia y además, comprar por su iniciativa los primeros cuarenta perros polares para la Argentina.

No fue un regalo ser convocado en 1950 por el Presidente de la Nación para que preparara una Expedición Científica Polar y asumiera su jefatura, para lo que fue menester tener disciplina de trabajo, severidad en el análisis y un exacto planeamiento, no sólo por lo riegoso de la misión, sino por los problemas a vencer.

Esto le permitió poner el pie en el continente helado y erigir la Base “Gral. San Martín” en un área casi inexplorada. Luego vendría su empeño y el logro de obtener los fondos para que se construyera el tan necesitado Rompehielos "San Martín", la creación del Instituto Antártico Argentino, que en un merecido reconocimiento se le denominó con su nombre, llevar adelante la expedición Polar Argentina al Mar de Weddell y fundar la Base "General Belgrano".

También como parte de lo planificado se consideró el reconocimiento de un área nunca antes explorada. Hernán Pujato y un equipo de gente especialmente elegida y entrenada realizaron vuelos con un Cessna 180 y un Beaver, en los que intervino personalmente como piloto del primero. Este hecho tan poco difundido tiene el gran valor para fundamentar nuestros derechos antárticos, pues antes nadie había sobrevolado esa latitud al sur de la barrera de los hielos. Allí fue donde ubicaron e identificaron una serie de accidentes geográficos que se bautizaron con topónimos relacionados con el lugar de nacimiento de los tripulantes, entre ellos el cordón Entre Ríos y el Cordón Diamante.

Ese avión lo perderían en un accidente en noviembre de 1956, cuando en un vuelo tripulados por ellos, se produjo una formación de hielo en el carburador, lo que provocó que el aparato se estrellara violentamente y quedara totalmente destruido, salvándose milagrosamente.

Fueron rescatado por el otro avión Beaver que integraba el grupo de reconocimiento, pues se hallaban en esos momentos a 600 Km. de la base. En una acción totalmente riesgosa pudieron hacerlo aterrizar para subir los equipos, y antes de despegar formaron en ese lugar, el más austral habitado de la patria, cantaron el himno nacional y expresó Pujato: "Otros retomarán la posta que hoy nos vemos obligado a dejar".

Los riesgos que tomaron hicieron pensar a más de uno que no lo volverían a ver, víctima de alguna grieta, de quedar sepultado por el hielo o de algún accidente con su Cessna en lugares donde no tenía posibilidades de ser socorridos. No en vano muchos lo llamaron "el loco Pujato", y que como él mismo cuenta, en una oportunidad que el mismísimo Ministro de Marina comentó al entonces Presidente Perón "este loco va a morir en Drake", éste lo paró y le contestó: "Si Ud. tuviera dos o tres locos como ese, sus cosas andarían mejor".

Estos hechos escritos tan escuetamente, fueron de una extraordinaria magnitud por los grandes sacrificios realizados por Pujato y su equipo, el aislamiento a que se vieron sometidos, los riesgos vividos, pero con un resultado superlativo al marcar la presencia del País en la Antártida y dejar abierto el camino para que otros continuaran la tarea, pero a la vez y como bien lo dijo: "Fuimos los primeros ocupantes y descubridores de esta región. Lo decimos porque la Patria tiene sus derechos irrebatibles que nadie puede desconocer".

Vayan estas líneas como mi adhesión a su obra que con tanta fe realizó para bien del País, y creo que como merecido homenaje, de la misma manera que se trata de dimensionarla en toda su magnitud, paralelamente debe hacerse hincapié en su integridad moral. Nada más acertadas que las palabras de uno de los estudiosos de los temas antárticos, el Coronel (R) Adolfo E. Quevedo Paiva, cuando expresó "Los méritos aquilatados por el señor general Pujato, tuvieron siempre el signo de la austeridad, del desinterés y de sus convicciones patrióticas. Pudo hacerlo con naturalidad, renunciando inclusive a percibir con absoluto altruismo emolumentos especiales que le correspondían y hasta sufragó de su propio peculio adquisiciones o gastos cuando lo asignado resultaba insuficiente. Gozó permanentemente de la satisfacción del deber cumplido con total recato, pese a tener el honor de recibir, la mayor y más importante cantidad de distinciones oficiales, conferidas por su profesionalismo a un militar en el siglo XX".

Diamante le ha dado el lugar que le corresponde a uno de sus hijos: el reconocimiento, designándolo Ciudadano Ilustre. Este rescate de los valores que ha sabido demostrar el general Pujato y la importancia de su obra, debe servir de ejemplo, como la de otros tantos otros argentinos, si pretendemos tener una gran Nación. Está en nosotros divulgarlo y hacer docencia con ello.

Ricardo César Brumatti
Cronista histórico de Diamante

sábado, 30 de mayo de 2009

COMO NACIO LA BIBLIOTECA POPULAR DIAMANTE

Habiendo desarrollado lo que fue el gobierno municipal en 1879/80 y algunos datos sobre Diamante en ese momento, me parece oportuno recrear como fue el comienzo de la institución cultural más antigua que tenemos: la Biblioteca Popular Diamante, fundada oficialmente en 1880 y que tan bien funciona actualmente.

El primer antecedente de la creación de una biblioteca en nuestro medio, la encuentro en un documento fechado el 18 de mayo de 1861, por el que el jefe político del Diamante Bernardino Ramírez le expresó al ministro general del gobierno Luis José de la Peña, "que ha sido instruido de la nota relativa a la propagación que el Exmo. Gobierno desea generalizar de la lectura de los periódicos "Revista del Paraná" y "Revista Plata", como toda aplicación de práctica a los intereses materiales del país, recomendando que de ambos números como del periódico "Uruguay" se forme un archivo por separado a fin de obtener una biblioteca departamental, a lo que pone el infrascripto todo su esmero".

El ascenso a la primera magistratura del País de Sarmiento en 1868, es lo que a los dos años le permitió crear entre otras cosas, la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares mediante la Ley 419 del 23 de setiembre de 1870; sumado el apoyo dado por Urquiza a la educación en nuestra Provincia, creando en 1869 el Departamento de Educación, entre cuyas tareas tenía el desarrollo de bibliotecas populares en cada pueblo, hizo que la Jefatura Política local organizara una biblioteca, que a pesar de ser popular, no era en sí misma una asociación independiente, sino dirigida desde ese ámbito.

Cuando en 1872, la Comisión Nacional editó Boletines semestrales con las novedades y el listado de las bibliotecas adheridas y reconocidas existentes en Entre Ríos, apareció incluida una Biblioteca Popular Diamante en nuestro medio. Esto se repitió en el primer semestre del año siguiente, pero no así en el segundo, lo que me lleva a interpretar que la revolución jordanista que tuvo eco en nuestro pueblo, hizo que dejara de funcionar de hecho como otras instituciones, incluso la corporación municipal.

En la edición del 15 de febrero de 1873 del periódico "El Guardia Nacional" de la ciudad entrerriana de Gualeguaychú, se publicó un artículo que decía: "Las Bibliotecas Populares en la República. Publicamos enseguida un importantísimo cuadro formado teniendo a la vista los datos oficiales, en el cual se demuestra cual es el número de bibliotecas que hay actualmente en la República, y por consiguiente cual es el grado de adelanto que en la materia de educación popular hemos alcanzado" y en el párrafo dedicado a nuestra provincia menciona, entre otras, la Biblioteca Popular en la ciudad del idem, del Diamante.

No hallo otros antecedentes de su funcionamiento, más allá que el 24 de setiembre de 1879, acompañado por una nota, don Demetrio García remite a la Corporación Municipal una colección de libros y correspondencia oficial perteneciente a la Biblioteca Popular.

Y llegó el momento en que nació según los registros oficiales nuestra Institución, y que lo comentó el jefe político del departamento del Diamante Sebastián Etchevehere, cuando escribió la Memoria Anual del año 1880, para elevar al Gobierno Provincial, donde relató:

"El dos de junio último se reunieron los vecinos más caracterizados de este pueblo con el loable propósito de fundar una biblioteca popular, cuya idea fue recibida con marcadas muestras de simpatías, nombrándose en la misma la Comisión Directiva de esta asociación.
El decreto de movilización de las milicias del departamento vino a aplazar esta idea, pero tan luego fueron licenciadas se volvió a tratar la formación de esta benéfica institución, la que ha sido fundada bajo muy buenos auspicios, con los recursos que espontáneamente le presta el vecindario. La Jefatura Política contribuyó por su parte con $ 100 para el fomento y mantenimiento de ese establecimiento.
Cuenta hoy esta institución con 600 volúmenes, mobiliario y demás enseres que les son preciso, comprados con sus fondos y muchos donados por vecinos de este pueblo.
Varios señores, vecinos de la ciudad del Paraná le han prestado a esta biblioteca una decidida protección recogiéndose más de 200 volúmenes donados en aquella ciudad.
La biblioteca instalada en este pueblo, es verdaderamente popular, porque no solo está al alcance de los que pueden pagar la insignificante suma de cuatro reales por mes, los Sres., y de dos las Sras., sino también para aquellos que sus recursos no alcanzan a pagar esa cuota, a quienes se le da libros a domicilio con la única y expresa condición de devolverlos conservados.
Este establecimiento nacido ayer, cuenta ya con vida propia porque gasta la sexta parte de sus rentas mensuales, no tiene gastos de alquiler de casa ni empleado rentado alguno.
Esto solo significa las ideas de progreso y patriotismo de que están animados los vecinos de este pueblo”.

La mencionada movilización de las milicias por decreto del Superior Gobierno, para marchar unos a la provincia de Buenos Aires y otras a la de Corrientes "para someter a los rebeldes que se levantaron en ambas provincias desconociendo la Constitución y las autoridades legales", duró hasta agosto en que la gran cantidad los diamantinos convocados regresaron al pueblo.

El 13 de setiembre ya los encontramos nuevamente trabajando en la organización de la entidad, y ha quedado registrado en ese momento la entrada de dos nota en la Corporación Municipal, la primera por la que el Presidente de la Biblioteca Popular, solicita los libros que en calidad de depósito existían en Secretaría; y la segunda, el mismo Presidente comunicando que con los recursos que el pueblo le prestaba van a reinstalarse e invita a la Corporación que se suscriba con ese objeto. Se le otorga $ 5 para dicha cuestión y $ 27 mensuales para su sostenimiento.

El problema del local donde funcionaría se soluciona al facilitar el Director de la Escuela de Varones una pieza del recién construido edificio escolar para las escuelas de ambos sexos, en el solar frente a la plaza San Martín, que hoy ocupa su sucesora, la Escuela Nº 1 Independencia. Todo está listo para abrir sus puertas y se decide el último día de octubre para que ocurra, lo que es noticia en el periódico "El Orden" de la ciudad de Paraná, quien publica en su Nº 22: " Biblioteca Popular Diamante. El 31 del corriente debe tener lugar en el Diamante la inauguración de la Biblioteca Pública, institución que ya cuenta con un número considerable de volúmenes y obras importantes.
La instalación de una biblioteca en aquel pueblo, es un acontecimiento para sus habitantes, pues no creían tal factible su instalación. Esto demuestra en parte su adelanto intelectual en que se encuentra y los trabajos que se han hecho para llevar a cabo tan feliz idea".

Lamentablemente, al haberse extraviado el primer libro de actas de la Institución a causa de las distintas épocas que le tocó vivir, y que en algún momento estuvo inactiva y sin local, no es posible todavía reconstruir cual fue la primera Comisión que tuvo el honor de fundarla. De todas maneras, el segundo libro que continúa con su funcionamiento en 1883 nos muestra que la comisión en ese momento era integrada como Presidente: Nereo Melo, Vice Presidente: Pedro Camarero, Secretario: Dionisio Rodríguez, Tesorero: Ricardo García y Vocales: Andrés Casinelli, Lucas Aristimuño, Esteban Castillo, Enrique Crick y Vital Román.

Es de suponer, por los antecedentes que encuentro de esa época, que ellos fueron los iniciadores, más allá de los cargos que habrán ocupado. No figura en esta lista el nombre del que fuera Tesorero un año antes y que he encontrado firmando recibos de haber recibido la suscripción mensual que otorgaba la Municipalidad: Crescencio Enrique.

Tampoco quiero dejar de mencionar a quienes se sumaron a esta iniciativa en 1880, apoyando desde sus ámbitos para que fuera una realidad: al entonces Jefe Político Sebastián Etchevehere, al Director de la Escuela de Varones Gabriel Cisneros y al Presidente de la Corporación Municipal y también integrante de la Comisión: Enrique Crick

En el verano de 1883 el horario de atención al público era de 19:30 Hs. hasta las 21:30, no habiendo concurrencia, mientras que se estableció que en invierno, al finalizar setiembre, el horario se adelantaría una hora.

Durante ese mismo año, se nombró Secretario a Miguel Taberner, Tesorero a Esteban Ibañez y como Bibliotecario a Pedro Echagüe, quien al poco tiempo es reemplazado por Eduardo Ezpeleta y a su vez, a los pocos días se designa a Felipe Basualdo

También fue necesario adecuar los estatutos, para lo que se nombró una comisión para reformarlos, estando integrada por los señores Francisco Herrera, Francisco Masó y Antonio Casinelli.

A partir de junio del año siguiente se siguió renovando la comisión, en general, por un tiempo sigue la misma gente y alternan como presidentes Nereo Melo, en 1885 Antonio Casinelli, en 1886 Pedro Camarero, quien a causa del pedido por parte del Director de la Escuela de Varones de la pieza que ocupaba la Biblioteca por ser necesaria, se alquiló una habitación de una casa, la que se mantendría hasta mediados de marzo de 1887, en que don Demetrio García les cede un salón de la casa que tenía frente a la plaza, en las hoy calles Urquiza y San Martín, esquina Sudeste.

Siguieron anualmente los cambios de Comisiones Directivas, y en 1892, la Biblioteca, aceptando un ofrecimiento del Presidente del Consejo General de Educación de la Provincia, ocupa nuevamente una habitación en la escuela, ahorrando así el alquiler de $ 10 mensuales por la casa que se ocupaba.

A partir de allí ocupó diversas sedes y también tuvo que superar los consabidos altibajos de este tipo de instituciones, debiendo interpretarse luego de esta reseña que su fundación data de 1872 por una cuestión de criterio, pues al haber sufrido varias paralizaciones en su funcionamiento, siempre se consideró que hablamos de la misma institución y existe una relación entre cada una de sus etapas.










Ricardo César Brumatti